Movimiento libre y Actividad autónoma. ¿Qué implican?

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¿Qué queremos decir cuando decimos que hay que dejar al bebé moverse libremente? ¿Aprenden los niños a moverse solos o necesitan de nuestra ayuda? ¿Qué quiere decir que el bebé es un ser con capacidad para la autonomía? ¿El desarrollo piscomotor es por aprendizaje o maduración? ¿Cómo lo aplico en casa? ¿Qué hago? ¿Por dónde empiezo?

Voy a dividir este articulo en dos partes. La primera, Movimiento libre y Actividad autónoma. ¿Qué implican? que se desarrolla a continuación con el objetivo de clarificar los conceptos de Movimiento libre y Actividad autónoma, así como las implicaciones que tienen en el desarrollo motor y de la personalidad en la infancia, el papel del adulto y la organización del espacio y los materiales. La segunda parte, que titularé Movimiento libre y vida cotidiana se publicará próximamente con el objetivo de trasladar estas ideas pedagógicas a la vida cotidiana y miraré de dar algunas pistas para poderlo llevar a cabo sin conflictos con el entorno del hogar y las demandas de nuestros hijos e hijas, que no son las mismas que en una institución. Sobre las implicaciones de la autonomía podéis leer aquí.

¿Qué es el Movimiento Libre?

Se podría decir que el Movimiento Libre consiste en dejar que el bebé se mueva libremente y sin intervención del adulto. El movimiento se da de forma espontánea y autónoma. Al bebé/niño/a no se le coloca en ninguna posición a la que no haya llegado por sí mismo/a (salvo la inicial boca arriba) y en ningún caso se le exige, anima o incentiva a que realice ningún movimiento ni logre ninguna posición.  El movimiento del niño/a es libre y está liberado de cualquier voluntad ajena a sí mismo (movimiento autónomo).

emmi-pikler_0Emmi Pikler (1902-1984) fue una pediatra húngara a la que en 1947 le encargaron la dirección del Instituto (orfanato) Loczy de Budapest. El Insttituto Loczy acogía a niños y niñas desde el nacimiento a los 3 años como máximo y con una ratio de unos 10 infantes por adulto.

Una de las cosas que más preocupaban a Emmi Plkler y aquello que la llevo a sus investigaciones más exhaustivas sobre el desarrollo de la motricidad, fue que en Loczy no se diera lo que se conoce como síntomas de hospitalismo, un fenómeno que hace que bebés y niños/as criados en instituciones se vuelvan apáticos, indiferentes al mundo y las relaciones, tristes y con un desarrollo psicomotriz y cognitivo deficiente.

Para evitar estos síntomas de hospitalismo, Pikler fué construyendo una pedagogía diferenciada en 2 tiempos fundamentales:

  1. Un vinculo seguro con la figura adulta a través de los cuidados cotidianos. Una relación adulto-infante de confianza que permita al infante sentirse tranquilo y satisfecho consigo mismo y con el mundo que le rodea. Una relación y una forma de comunicación efectiva que acompañe al bebé niño en el desarrollo de un sentimiento de competencia sólido y una personalidad armonica. Para ello en Loczy cuidan mucho los Cuidados Cotidianos de higiene, sueño y alimentación, así como las formas de Comunicación con el bebe/niño.
  2. La no intervención del adulto en el desarrollo y maduración psicomotora del infante, así como preparar la disposición material y espacial para que este movimiento pueda darse y el bebé/niño pueda desplegar sus capacidades. El adulto no coloca al infante en posiciones a las que no ha llegado por sí mismo, pero ofrece un acompañamiento atento y apoyo en el desarrollo psicomotor, la actividad autónoma y los cuidados cotidianos.

En este artículo nos centramos en el segundo tiempo, el del movimiento y la actividad autónoma.

¿En qué se basa el movimiento libre?
  • Confianza plena en la iniciativa del infante y en su capacidad para moverse y relacionarse con el mundo que le rodea, objetos y seres, así como su capacidad para la autonomía y la comunicación.
  • El desarrollo psicomotor es un proceso madurativo que no necesita de enseñanza.
  • Un desarrollo armónico de la lateralidad, el equilibrio y el movimiento solo puede estar asegurado cuando dejamos que estos maduren y se desarrollen a su propio ritmo, un ritmo que debe estar marcado por la iniciativa del infante y no por la del adulto.
¿Cómo es el desarrollo motor de un niño criado en el Movimiento Libre?

Los niños/as así criados tienen una evolución en sus movimientos y posiciones distinta a los infantes que han sido intervenidos y colocados en una u otra posición a lo largo, sobre todo, del primer año.

wpid-picsart_1443774732740.jpgEl bebé siempre se coloca boca arriba como posición incicial, tumbado sobre la espalda, hasta que no alcanza otra posición por sí mismo. De esta forma, siempre que dejamos al bebé en una superficie para cambiarlo, dormir, descansar, jugar… se le deja boca arriba.

De esta posición primera boca arriba parten el resto de movimientos. Esta posición, siempre que hablamos de dejar al bebé en una superficie, es la que menos oposición ejerce a la fuerza de la gravedad y en la que más relajada puede encontrarse su musculatura y articulaciones (en otro artículo hablaremos del porteo en vertical o los brazos, que responden a otra cosa, aquí nos centraremos en lo que corresponde al movimiento libre).

Una vez partimos de esta posición boca arriba encontramos, más o menos (el más o menos es importante), esta secuencia de desarrollo y maduración piscomotora. Cito de Emmi Pikler:

  • De la posición de tumbado hacia arriba hasta volverse sobre el vientre; vueltas repetidas, rodar (fig. 1-6).
  • Desde reptar hasta el gateo (fig. 7-10)
  • Hacia la posición sentada (fig. 11-15)
  • Hacia la posición de pie (fig. 16-20)
  • Desde ponerse en pie libremente y agacharse hasta la marcha estable (fig. 21-25).

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Cabe decir que esta descripción corresponde solo a los grandes movimiento motrices y que existen una gran variedad de movimientos y posiciones intermedias fundamentales, que los infantes practican por propia iniciativa y que se colocan entre uno y otro gran movimiento descrito en este esquema.

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Diferentes maneras de sentarse

Entre estos movimientos intermedios se da el subir y bajar escaleras gateando o moverse en planos inclinados, acodarse, arrodillarse, ponerse en cuclillas…

Si comparamos este gráfico Pikler con otro de los típicos que podemos encontrar en la consulta del pediatra o en la mayoría de libros de desarrollo piscomotor, podremos ver las grandes diferencias que existen entre una y otra metodología.

En este otro infográma típico podemos comprobar como, por un lado, el desarrollo es intervenido: “se mantiene sentado”, “si alguien lo sienta se mantiene sin apoyo”, “camina si se le sostiene con ambas manos”, “camina si se le toma de la mano”.

Por otro lado vemos un desfase en orden de logro en las distintas posiciones y movimientos la posición “boca abajo” es anterior a la de “boca arriba” y se sienta antes de gatear, cosa que suele provocar formas de gateo no integrado y/o harmónico como gatear arrastrando el culo (también lo dejo para otro artículo).

Entre los más de 700 casos estudiados en Loczy no se conoce el caso de ningún niño que no gatease de forma armónica.

Otro dato a tener en cuenta sobre los estudios realizados por Pikler y su equipo en el Instituto Pikler, es que los niños así criados cambian muy a menudo de postura. Veamos algunos ejemplos de los estudios Pikler:

  • En el periodo de “volverse de costado” a “volverse sobre el vientre”, se cambia de postura un promedio de 25 veces en 30 minutos.
  • En el periodo de “volverse sobre el vientre” a “levantarse hasta la posición gatas” o “ponerse semisentado”, se cambia de postura una promedio de 42 veces cada 30 minutos.
  • En el periodo de “sentarse” o “arrodillarse” hasta “ponerse en pie”, se cambia de postura un promedio de 63 veces cada 30 minutos.
  • En el periodo de “ponerse en pie” hasta los primeros pasos, el promedio de cambio de postura es de 74 veces cada 30 minutos.
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Distintos movimientos de la posición “boca arriba” dónde ya se puede comprobar cómo se ejercita y explora

Podéis imaginar la gran actividad que esto implica y porqué no hace ninguna falta hacerles practicar o ponerlos a realizar ningún tipo de ejercicio guiado. Por sí mismos y de forma espontánea realizarán todos aquellos movimientos necesarios para su desarrollo y, serán ellos también, los que marquen qué movimiento, su duración y la intensidad.

No son niños que pasen grandes ratos sentados (como en el caso de los niños intervenidos/inmovilizados), son niños/as que exploran activamente su entorno y que aún dentro de esta gran actividad, ésta se expresa en una gran concentración, voluntad y una forma segura y consciente de ocupar el espacio.

A esta forma de ocupar el espacio y de actividad tan distinta a la que estamos culturalmente acostumbramos, deberemos adaptar el espacio y los materiales. (Desarrollaremos este punto en el siguiente artículo).

La actividad autónoma.

La autonomía es una capacidad y una potencia que reside en todos y cada uno de nosotros, como ya comenté en otro artículo titulado La autonomía como conquista, el ser autónomo es un ser que conoce su propia potencia, su voluntad, que va en su búsqueda y que puede tomar decisiones de forma responsable. Y decía también que la autonomía, en tanto que autogobierno, es una conquista que podemos acompañar pero no podemos hacer por ellos y ellas.

Debe quedar claro que la autonomía es una capacidad y como tal se entiende como proceso, además ese proceso en tanto que autónomo debe estar marcado por el propio niño/a.

La autonomía, en tanto que autogobierno, no es obligatoria, es algo que se va dando cuando le damos confianza, tiempo, espacio y no intervenimos constantemente en la actividad del infante. Así mismo el niño/a no está obligado a realizar todas las actividades y movimientos por sí mismo. Puede decidir en cada ocasión, cómo, cuándo y cuál es el momento en el que desea ser ayudado.

Tampoco esto quiere decir que no debamos atender al niño o dejarlo a su suerte, es sumamente importante el acompañamiento de una figura de apego que le de seguridad y tranquilidad.

Tanto para Emmi Pikler como para el Instituto Loczy como para la que aquí escribe, no puede entenderse el “movimiento libre” sin la cuestión de la autonomía.

Se podría decir que permitir a un infante moverse en libertad no solo va a favorecer que desarrolle una mejor salud corporal, en su fisiología, equilibrio y movimientos, sino que le va a conferir un mayor conocimiento de sí mismo y de sus posibilidades o límites, así como una mayor confianza en su capacidad de tomar decisiones, lo que también llamamos un sentimiento de competencia sólido.

Cuando le decimos a un niño/a cómo debe jugar o lo colocamos en cierta posición, estamos promoviendo su dependencia del adulto. Ya sea porque el pequeño/a va a buscar constantemente nuestra aprobación y no va a realizar los juegos o movimientos por propia iniciativa o placer, o porque lo estamos inmovilizando en el sentido más literal.

Sentar a un niño que aún no puede sentarse por sí mismo implica en la mayor parte de casos inmovilizarlo, ya que no saben salir de esta posición por sí solos. He visto niños/as tirarse al suelo literalmente para poder salir de la posición sentado/a.

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Los niños que son colocados en posiciones a las que no han llegado por sí mismos tampoco suelen saber salir de estas, por lo que la dependencia del adulto se establece como dinámica cada vez con más fuerza, además de que puede provocar estados de irritabilidad y frustración con más frecuencia que en niños/as que pueden moverse con libertad y de forma autónoma.

Ejercicios anteriores al gateo
Ejercicios anteriores al gateo

Por supuesto que realizará ejercicios que lo preparen para las posiciones y movimientos siguientes, pero estos ejercicios y prácticas se darán de forma espontánea y autónoma, en la medida que le niño pueda, desee y esté preparado para ello.

Pensad que un niño que es puesto en posturas a las que no ha llegado por sí mismo está siempre en una batalla constante por sostenerse en esa posición, cosa que no solo crispa su musculatura, sino que reduce al mínimo su capacidad de exploración y movimiento. Este niño que ha sido puesto boca a bajo, o sentado o de pie antes de que el lo decidiese está invirtiendo prácticamente todo su primer año de vida en esta batalla constante y no logrará esa autonomía de movimiento hasta que empiece a caminar con seguridad (eso si no es llevado de la mano la mayor parte del tiempo).

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Decirle a un niño/a como debe jugar (otra cosa son los juegos de reglas que empiezan sobre los 3 o 4 años) es limitar su capacidad y su iniciativa espontánea de experimentación, descubrimiento, raciocinio, voluntad y creatividad.

De esta forma el niño pierde la confianza en sus iniciativas y en su capacidad de tomar decisiones. Puede tender a la pasividad y la inseguridad en sí mismo.

Un infante criado en el movimiento libre, por el contrario, podrá emplear todo este tiempo en explorar su propio cuerpo y su entorno con calma, tranquilidad y confianza en sí mismo.

Sobre la cuestión de la autonomía, su implicaciones y qué tener en cuenta, podéis seguir leyendo La autonomía como conquista en 15 refelxiones prácticas y mi otro artículo Emmi Pikler, el instituto Loczy y la emancipación intelectual según Rancière/Jacotot en el que se desarrolla una mirada a largo plazo sobre el movimiento libre y autónomo, entendiéndolo como paso previo a la emancipación intelectual.

También mi último artículo sobre Autonomía y falsa autonomía

El papel del adulto.

wpid-picsart_1443773012925.jpgLlegados a este punto una se pregunta cuál es su función como madre, padre o cuidador. ¿Si no debo intervenir en su movimiento no debo hacer nada? Pues no exactamente, el papel y el acompañamiento del adulto es fundamental en esta forma pedagógica y su puesta en práctica. Se puede acompañar con la mirada, verbalmente, con una caricia o cogiendo en brazos. Como he comentado anteriormente la relación infante adulto es sumamente importante además de que es responsabilidad del adulto procurar para que el infante disponga del tiempo, el espacio y la confianza para que pueda desarrollarse con tranquilidad.

Además, en muchísimas ocasiones lo que se nos hace más complicado es el no intervenir constantemente pero a su vez estar atentos, culturalmente no es lo que hemos aprendido y aún nos cuesta discernir cuando realmente necesitan nuestra ayuda y cuando no. Se trata principalmente de un cambio de mirada sobre el bebé y sus capacidades, se trata sobre todo de un trabajo personal del adulto en relación a lo que entiende sobre la enseñanza y el aprendizaje.

Voy a empezar con algunas propuestas a la luz de Pikler-Loczy:

  • El vinculo infante-adulto es fundamental, el adulto debe ser una figura de apego seguro para que éste pueda sentirse realmente confiando y colmado en sus necesidades para poder sentir esa iniciativa que lo interpela a conocer mundo, explorar, investigar, moverse y relacionarse.
  • El adulto respetará la capacidad autónoma del infante.
  • El adulto le anticipará verbalmente al bebé niño/a cualquier acción o movimiento que vaya a ejercer sobre el pequeño/a: voy a cogerte, voy a sacarte los mocos, te voy a dejar en el suelo, voy a lavarte las manos…
  • El adulto debe estar siempre disponible para responder al infante. Esta respuesta puede ir de la simple presencia y/o acompañamiento verbal a cogerle en brazos.
  • El adulto debe dar tiempo suficiente sin exigencias ni presiones para la actividad autónoma del infante. No le animará ni lo juzgará. El adulto no tendrá prisa.
  • El adulto no le dirá al infante como debe jugar ni explorar ni manipular objetos.
  • El adulto no establecerá una dinámica de dependencia motora con el infante. No lo sentará, no lo llevará de la mano ni lo felicitará cuando logre nuevos hitos en su movimiento. El adulto se regocija con el niño/a y comparte su alegría, pero no es la figura que aprueba o desaprueba.
  • El adulto no establecerá una dinámica de dependencia con el infante en el juego y la exploración. No le diremos cómo jugar, cómo pintar, cómo hacer encajes o cualquier cosa que se le parezca. No resolveremos las situaciones por él ni buscaremos soluciones por él.
  • El adulto organizará el espacio y los materiales de forma que estos favorezcan el libre movimiento y la actividad autónoma.
Organización del espacio y materiales.

wpid-picsart_1443772832742.jpgCuando hablo de la organización del espacio y los materiales, además de la parte más practica, es fundamental pensar en un espacio que promueva y facilite este movimiento libre y esta actividad autónoma. Esto quiere decir que será un espacio seguro, en el cuál el infante podrá moverse a sus anchas y podrá coger y tocar todo aquello que se encuentre.

El espacio y los materiales deben ser siempre seguros y adaptados. No dejar ventanas abiertas a las que puedan llegar, objetos punzantes sobre los que puedan caer, los muebles bien cogidos a las paredes…

wpid-picsart_1443772905797.jpgEvitaremos dentro de lo posible, zonas “oscuras” dentro de la zona de juego que requieran constantemente de un “no” por parte del adulto. Este aspecto nos dará la tranquilidad de poder acompañar a nuestro hijo/a desde la distancia que el decida y sin conflictos por la seguridad o la conservación de según que objetos.

Puntos clave son:

  • Que la ropa permita y facilite el movimiento libre. Se evita vestirles si no hace frío. Se evitan las capuchas, la ropa demasiado gruesa o estrecha. Siempre que sea posible se recomienda dejarlos descalzos, ya que los pies son un punto de agarre y equilibrio fundamental en el equilibrio.
  • Adecuar espacios amplios y lo más diáfanos posibles y con suelos firmes que no se hundan ni se arruguen dificultando el movimiento y el desplazamiento.
  • Mobiliario adaptado que permita subir y bajar, moverse en planos inclinados, atravesar túneles…
  • Materiales a siempre a su alcance, sin exceso y adecuados a cada estapa. Materiales fáciles de manipular, que puedan llevarse a la boca y que no necesiten la “ayuda” del adulto. En general se recomiendan lo que se llama “materiales desestructurados“, que no son más que materiales sin un fin en concreto y que en su mayor parte forman parte de la vida cotidiana (tapas, botes, boles, telas, objetos de madera, piedras, aros, tapones de corcho, telas…). Se pueden combinar perfectamente con otro tipo de material más estructurado siempre y cuando no se “enseñen” a usar.
Clásico mobiliario en salas Pikler

wpid-picsart_1443773113146.jpgLos bebés y niño/as necesitan sentirse seguros con el espacio y con los adultos que lo acompañan, lo suficientemente tranquilo para sentir que no hay peligro y poder dedicar su atención en explorar.

Esto seguramente querrá decir que van a necesitar nuestra presencia constantemente si hablamos de bebés, que no vamos a poder irnos de la habitación sin que lloren y se sientan inseguros sin nuestra presencia. Esto es completamente natural y se irá pasando a medida que el infante madure.

Toda esta organización del espacio, el mobiliario y el material tiene el objetivo de que nuestros hijos e hijas puedan moverse y explorar libremente, de forma autónoma y por propia iniciativa.

No quiere decir solos, quiere decir por sí mismos. De eso se trata.

Pequeño Epílogo

El infante es en el movimiento, no solo se desplaza para coger objetos, se mueve para expresar sus emociones, su pensamiento se da en ese movimiento, toma decisiones en ese movimiento y se conoce a sí mismo, a los otros y el mundo en ese movimiento.

No se trata de si se mueven o no mejor, se trata de cómo han llegado a ese punto, cuál ha sido el proceso y cómo lo han hecho y lo hacen sentir, que imagen le devuelve de sí mismo y del mundo que lo rodea.

Dejemos que se muevan en libertad, a su tiempo, en su justo momento, el suyo. Se sentará y caminará cuando esté maduro a nivel psicomotor. No lo ayudes, límpiate de expectativas, de exigencias, de comparaciones. No necesita ninguna mano para caminar, no necesita que lo sienten ni que lo pongan boca abajo para ejercitar la musculatura. Necesita que confíen en él y le den tiempo para hacerlo por sí mismo. Acompáñalo, mantente a su lado, que sepa que estás ahí, confía, pero no lo hagamos por él. Es su tiempo, es su momento.

Movimiento libre para mentes libres.

 

P.D.: Viendo que muchas familias se centran en el Movimiento Libre sin profundizar en el resto de aspectos de la Vida Cotidiana y las formas de Acompañamiento y Relación con los bebés y niños pequeños, escribí otro artículo llamado El Movimiento Libre no va de dejar que se muevan. Hay más (que se puede leer aquí) y la idea es seguir profundizando sobre estas formas de acompañamiento.

Podríamos decir que el Movimiento Libre es la parte más visible o conocida de una Pedagogía que engloba todos los aspectos cotidianos de los bebés y niños pequeños pero a su vez, aunque es importante conocer bien como es el proceso madurativo psicomotriz y los primeros años de vida del bebé son básicamente movimiento, la mirada pikleriana va más allá del simple Movimiento y en ningún caso el objetivo es el movimiento en sí.

Los objetivos por los que se trabaja el Movimiento Libre son el desarrollo de la Capacidad Autónoma, un Sentimiento de Competencia solido y una Personalidad Armónica en el bebé/niño. Todo esto se trabaja, como hemos dicho, desde el Movimiento Libre, la Actividad Autónoma y el Acompañamiento y la Comunicación en los Cuidados Cotidianos.

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ARTÍCULOS DE AMPLIACIÓN:

BLW y Movimiento Libre AQUÍ

El Movimiento Libre no va de dejar que se muevan. Hay más AQUÍ

Sostener al bebé. Una Pedagogía del Cuidado y la Atención AQUÍ

Autonomía y falsa autonomía AQUÍ

¿Y cuando piden ayuda? Yo lo hago así AQUÍ

Ya lo he sentado ¿Ahora qué? AQUÍ

Me tiende la mano ¿Qué hago? AQUÍ

 

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Bibliografía principal
  • Pikler, Emmi Moverse en libertad. Desarrollo de la motricidad global. Ed. Narcea. Madrid, 2014
  • EAP Manacor_Campos. Infància i prejudici. El moviment en el primer any de vida. Grafiques Planissi. Illes Balears, 2006
  • Jornada El joc de l’Infant des de l’enfocament piklerià (7h) a cargo de Judit Kelemen y organizada por Créixer junts S.L. en Barcelona a 9 de mayo de 2015

51 ideas sobre “Movimiento libre y Actividad autónoma. ¿Qué implican?”

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