Emmi Pikler, el instituto Loczy y la emancipación intelectual según Rancière/Jacotot

1. ¿Qué es la pedagogía Pikler-Loczy?

Además de los estudios de Pedagogía he trabajado algunos años en Escoles Bressol Municipals de Barcelona donde tuve la suerte de conocer el tema Pikler-Loczy. Lo cierto es que mis estudios, publicaciones y trabajos asalariados suelen ir ligados a temas de infancia y emancipación intelectual, y al tener a Greta (mi pequeña de 14 meses), mi pareja y yo lo vimos claro. No sé si conoceréis el Instituto Loczy y/o a Emmi Pikler. El Instituto (orfanato) Loczy se fundo en Budapest en 1946 y se confió su dirección a la pediatra Emmi Pikler (1902-1984), quién impulsó una serie de investigaciones sobre el desarrollo psicomotormotor y autónomo del infante.

Para empezar y por poner en situación, creo que el tema se resume bastante bien en la presentación que hace Eugenia Vázquez en el grupo de Facebook Creciendo con Emmi Pikler :

“La visión del niño pequeño de Emmi Pikler es la de un ser activo, competente, capaz de iniciativas, de autonomía (como la capacidad de tomar las propias decisiones) y capaz de atravesar las diferentes fases de su propio desarrollo motor cuando él está preparado para ello, sin la ayuda del adulto – quien es observador de las actividades del niño, mostrándole su apoyo y cariño-, confiando en su habilidad para descubrir su propio cuerpo y alcanzar por sí mismos un desarrollo motor adecuado.

Desde esta perspectiva el adulto no “enseña” movimientos ni ayuda a realizarlos, ni tampoco le impide al niño la realización de ningún movimiento, los niños se mueven y se desarrollan regidos por su propia iniciativa. Ya que cuando ellos no están listos para realizar ciertos movimientos por sí mismos, “ayudarlos” o “enseñarles” es perjudicial. Al poner al niño en una postura que no podría adoptar por sí mismo lo obligamos a estar inmóvil: el niño no puede salir de esa posición. Al forzar las posiciones los músculos quedan tensos. Y además estamos fomentando su dependencia del adulto y frenando su desarrollo autónomo.” (Vázquez)

También, como se puede leer en el dossier Infancia i prejudici. El moviment en el primer anys de vida, elaborado por Equipo de Atención Temprana del Sector Menacor-Campos (Illes Balears): “El infante se mueve para desplazarse, para coger objetos o para expresar sus emociones y, fundamentalmente, se mueve para SER y para aprender a pensar.” ¿Qué más se puede decir? Para nosotros, además, esta política educativa es un primer y necesario paso para la emancipación intelectual.

Por otra parte y según se puede leer en la web el grupo de trabajo Pikler-Loczy de Rosa Sensat, los principios inspiradores de Emmi Pikler, son:

– El respeto al niño como persona, como ser único que establece relaciones y que influye en los acontecimientos de su entorno. Y, en consecuencia, el valor de una atención lo más individualizada posible.

– La libertad de movimiento y la conquista de la autonomía. El valor de la actividad autónoma, basada en la iniciativa del niño que surge de su propio interés, que le proporciona satisfacción y que se auto refuerza por el resultado que obtiene. Y en consecuencia el valor de un entorno estimulante y rico que despierta este interés.
– La pedagogía de la vida cotidiana, el valor de las pequeñas cosas, grandes cosas para los niños. La comunicación verbal de todas las actuaciones que la persona adulta hace al niño. La suavidad de los gestos. La petición de su participación y la espera atenta de su colaboración en estas actividades cotidianas de alimentación, higiene, vestido, etc.

– La estabilidad, la regularidad, como fuente de seguridad. El valor de las relaciones personales estables, de la constancia en las actitudes educativas, y de la personalización de la relación entre adulto y niño que proporcionan la seguridad necesaria al pequeño para su progreso global.

De esta manera tampoco se “enseña” ni se “ayuda” al niño a jugar. Los juguetes, materiales y espacios se “explican” por sí mismos o están mal concebidos. En ningún caso el juego y las formas de ocupar el espacio son “explicadas”. Al menos hasta que el infante tiene edad de comprender lo que son “las reglas del juego”.

2. Tópicos, prejuicios y reproducción.

No existe dualidad naturaleza/cultura, escribe Joan-Carles Mèlich en Ética de la compasión, “la cultura -el ámbito de la artificiosidad- forma parte de la naturaleza humana […] el ser humano es un ser naturalmente cultural.” (Mèlich, 39)

Desde que me relaciono más con padres y madres que con “profesionales” de la educación, me he dado cuenta de que o te has formado y reflexionado profundamente sobre el tema o lo que te sale “natural” es coger a los niños de la mano para “ayudarles” a caminar y sentarlos antes de que ellos lo hagan por sí mismos. Entonces se escucha lo típico de “me lo pide” y realmente nos parece que es el niño que “naturalmente” lo pide y no que somos nosotros, los adultos, los que hemos condicionado esta demanda. Por otro lado, estoy cansada de escuchar la palabra “instinto”, parece el “todo vale” si te sale por “instinto”, pero ¿existe eso? O más bien eso forma parte de una reproducción social y cultural inconsciente. En tanto seres humanos que somos, estamos tan inmersos en la cultura y la reproducción social que hace falta de mucha formación, reflexión y estudio para poder hacer las cosas fuera del “curso ordinario de las cosas”. De lo contrario, llevar a un niño de la mano para “enseñarle” o “ayudarle” a andar nos parece de lo más natural, hasta llegar a la conclusión de que “nos lo pide”. En todos estos años de trabajo con la infancia aún no he conocido a nadie (aunque seguro que lo habrá) que deje a los niños moverse espontáneamente sin intervención alguna. Porque lo “natural” e “instintivo” nos parece, muchas veces, la intervención.

Hace un rato leía un texto muy mal fundamentado en respuesta a la pedagogía/política de Loczy, y entre otras cosas tópicas que he oído en otras ocasiones, se podía leer (sobre una niña que no puede entrar en un cajón):

“Si la mamá mete a su pequeña en el cajón cuando ella se lo pide y luego la saca cuando lo demande, la niña aprenderá que el mundo que la rodea es un lugar seguro donde uno puede obtener ayuda cuando lo necesita, y sentir esa seguridad desde una edad tan temprana le proporcionará la base estable que necesita para desarrollar una alta autoestima, además de que aprenderá con el ejemplo que es bueno y natural ayudar a otros.” (No voy a citar, que no tengo el permiso y total, da lo mismo).

Entonces me pregunto, ¿eso es ayudar o condicionar? Precisamente, si dejas que el niño se mueva “libremente” desde los primeros días, no te va a pedir entrar en el cajón, si tiene ganas de hacerlo lo seguirá probando hasta que lo haga por sí mismo. Personalmente, no entiendo que eso sea desarrollar su autoestima sino reforzar la dependencia del adulto en cosas completamente innecesarias. Un niño criado desde la política Loczy no hace este tipo de demandas porque en ningún momento se le ha condicionado o se le ha colocado en esa situación de dependencia e incapacidad, se pone sus propias metas y objetivos, y él mismo valora hasta donde llega o no llega. Las frustraciones pueden aparecer pero no se quedan enganchados en ellas. No hay presión.

Por otro lado tampoco se le deja a su suerte, como a veces también se entiende desde una lectura o conocimiento superficial del tema. Para Emmi Pikler es fundamental que el bebé se sienta en un mundo seguro, eso le quedó claro trabajando en un orfanato, si el niño no se sentía seguro y querido tampoco había movimiento ni descubrimiento ni relación ni nada de nada. Hay niños que se mueren en orfanatos solo por falta de apego y eso lo tenía claro Pikler. Loczy se basa en la presencia, el apego y el acompañamiento. Pero quizá lo más importante a dejar claro y que se suele confundir es que Loczy no se basa en el movimiento, parte del movimiento espontáneo del niño para conformar una política mucho más profunda, no es lo mismo.

En cuanto a eso de si el niño necesita ayuda para dar un pasito más (que he oído tantas y tantas veces) ¿por qué necesita un pasito más? El niño da pasitos en tanto está preparado y maduro para dar pasitos, el movimiento y la cognición son un sistema dinámico y en cuanto interferimos en ese sistema, se rompe. Cuando gatean, por ejemplo, empieza la visión estereoscópica (mirar con los dos ojos a la vez) y la consiguiente perspectiva de profundidad, así que su forma de relacionarse con el mundo también es distinta, ni antes ni después, es una cuestión madurativa y el niño mejor que nadie sabe para lo que está preparado, tanto a nivel motor como cognitivo.

En realidad, desde la perspectiva Loczy te dirían que eso de meter y sacar al niño de una caja, si no sabe o no puede hacerlo por sí mismo, es colocarlo en un lugar “dependiente”, y te dirán, que seguramente lo has sacado de un lugar (juego y/o posición) para la que sí estaba preparado y desde el que le has impedido explorar el mundo que le rodea. Que un niño se acerque a una caja para mirarla y ver si puede entrar, no quiere decir que necesite ayuda para hacerlo, eso es algo que colocamos los adultos en nuestra forma de mirar y valorar dicha situación. Me parece importante aquí distinguir entre la relación y la dependencia. Si el niño, en este caso, ya sabe entrar y salir del cajón y te apetece jugar a entrar y salir, eso es jugar, y si el niño te demanda será por el jugo y la relación. Pero si el niño aún no sabe llegar por sí mismo a este ejercicio y es el adulto el que lo coloca, cuando demande no será por la relación, será por la dependencia y en la incapacidad en la que se le ha colocado. He visto cientos de niños acercarse a cajas, bicis o escalones a los que no pueden llegar por sí mismos y probar y dejarlo estar para ponerse a hacer otra cosa y volver a probar y así hasta que lo hacen por sí mismos, libres de exigencias y con toda la tranquilidad por parte del niño. Eso es lo grande, que es su cuerpo, su desarrollo y su maduración las que marcan el ritmo y no los adultos.
En todo caso, hablamos de bebés y de pequeños infantes, necesitan nuestra ayuda para un montón de cosas. ¿De verdad es imprescindible que también necesiten nuestra ayuda para meterse en una caja? ¿Qué ganan con eso? ¿Qué prisa hay? A mi entender solo pierden, pierden confianza en sus capacidades y en sus posibilidades, todo eso por satisfacer a un adulto que tiene ganas de ver a un niño metido en una caja o que ha decidido que eso es lo que el niño necesita. Además de que también pierden ese tiempo pudiendo hacer algo para lo que sí estén preparados y que sí hayan decidido hacer. No lo entiendo. Nunca ese pasito más es una demanda del niño, siempre es una dinámica que se ha establecido anteriormente con el adulto, e insisto en que lo he visto en cientos de niños, como caminan cuando están preparados para hacerlo, sin más, así de simple. Se van agarrando a los muebles, se empiezan a soltar, vuelven al suelo… y así hasta que ya caminan de forma segura. Y eso es algo para lo que no necesitan las “manos” ni la “ayuda” del adulto. En todo caso, y si la piden, es porque ya se ha establecido esta dinámica por parte del adulto. No hay más.

3. Política Pikler-Loczy y emancipación intelectual en Rancière/Jacotot.

Aquí llega el grueso del asunto, que Pikler-Loczy no es un método para que el niño se mueva más o mejor, Pikler-Loczy es una política de pensamiento, una mirada, una forma de relacionarse con la infancia. No es un método para que el infante se mueva más o mejor. Como ya he comentado, no se basa en el movimiento, parte del movimiento espontáneo del infante para algo mucho más profundo.

Hace unos pocos años estuve realizando un seminario de lectura para el ICE (Instituto de Ciencias de la Educación) en la UB (Universidad de Barcelona). Allí me dejaron un aula y pude reunir a un grupo de educadoras de la etapa 0-3, directoras y educadoras en espacios familiares. Allí nos juntábamos a leer El maestro ignorante de Jacques Ranciere. Para el que no conozca tan maravillosa lectura, aquí va un apunte:

En 1818 Joseph Jacotot tuvo una aventura intelectual. En la Universidad de Lovaina sus alumnos flamencos aprendieron francés sin explicación, sólo con una edición bilingüe del Telémaco de Fenelón. Ni Jacotot sabía flamenco, ni sus alumnos francés, pero había un fuerte punto en común, la voluntad de comunicarse, como hombres, de igual a igual. Y así Jacotot empezó a proclamar la igualdad de inteligencias la capacidad de todo hombre (y mujer) de comprender la palabra de otro hombre, sin maestro explicador.

Así que nos juntábamos en un aula del ICE de la UB a leer y a pensar con El maestro ignorante y en qué podríamos hacer (o dejar de hacer) nosotras en la escuela. Personalmente, cada vez lo veo más claro, la respuesta está en el trabajo de Emmi Pikler. ¿Qué hacer cuando no hay palabra? Pues dejar que los niños se muevan, por que se mueven también para expresarse y pensar. El movimiento como la antesala del pensamiento. ¿No hace un ejercicio parecido Walter Benjamin con su flâneur o Jan Masschelein cuando pone a sus alumnos a caminar?

Pues ahí está, el movimiento como política de pensamiento. Y cualquier exigencia puesta/impuesta por el adulto en el desarrollo y maduración psicomotora del infante es una traba más para su emancipación intelectual. Cualquier interferencia es una una explicación, convierte al niño en un ser explicado. Porque la emancipación según Jacotot es el acto de una inteligencia que sólo obedece a sí misma, que es libre, que razona, que se sabe con voz; entendiendo ser racional como lo entiende Rancière: un ser que conoce su propia potencia. Conócete a ti mismo escribe Rancière-Jacotot, vuelve a ti, a aquello que en ti no puede engañarte. Conoce tu potencia, tu propia voluntad. Y ¿dónde empieza esa potencia, esa voluntad? En el movimiento primero y espontáneo del bebé, ahí está puesta toda su voluntad y su necesidad de relacionarse y comunicarse con el mundo que le rodea.

Dejemos a los niños moverse en libertad, dejemos de exigirles siempre ese pasito más cogidos de la mano, siempre de la mano para llegar a ese lugar que los adultos hemos anticipado.

Hay algo curioso entre El maestro ignorante y Emmi Pikler, los dos rehuyen del coger al otro de la mano. Rancière/Jacotot lo expresa en ese Sócrates que cogía a los esclavos de la mano:

“Sócrates debe llevar de la mano al esclavo para que éste pueda encontrar lo que está en sí mismo. La demostración de su saber es al mismo tiempo la de su impotencia: no caminará nunca solo, y por otra parte nadie le pedirá que camine sino para ejemplificar la acción del maestro. Sócrates interroga a un esclavo que está destinado a serlo siempre. (Rancière, 44)

Lo mismo ocurre en una lectura atenta de Emmi Pikler y su libro Moverse en libertad, el niño que es llevado de la mano es un niño al que no se le da espacio para el conocimiento de sí, ni para tomar sus propias decisiones ni para la emancipación:

“Si el niño tiende la mano o se agarra a los vestidos de la nurse, ésta le coge en brazos pero no le lleva de la mano; si se cae no se le levanta. Más tarde, cuando ya domina bien la marcha, se evita también llevarle de la mano para pasearle. Es evidente, y es preciso aclararlo, que se da la mano al niño cuando éste la tiende hacia el adulto para establecer un vínculo; en este estadio ya no se trata de ayudarle a andar. El adulto no sólo evita ayudar concretamente al niño, sino que tampoco le estimula a que adopte determinadas posiciones o a que realice ciertos movimientos (Pikler, 47)

Así, el niño que es tomado de la mano se convierte en un ser incapaz, un ser que siempre va a necesitar de un padre-Sócrates que le guíe en ese andar. No será nunca un ser que camina, será un ser que es caminado. Atontado, embrutecido. Así lo expresa Emmi Pikler:

“El perjuicio causado por las posturas impuestas no se limita al desarrollo de su motricidad, sino que también influye desfavorablemente en su desarrollo psíquico, en el desarrollo de su personalidad. En la actualidad, por ejemplo, se habla con frecuencia de la relajación respecto de los adultos: una distribución tónica no equilibrada, una musculatura crispada repercutirían en el estado psíquico del sujeto. ¿Por qué hacer entonces que el niño pequeño, cuyo estado normal es el buen equilibrio de las tensiones, se ponga rígido y crispado en estas posiciones impuestas? (Pikler, 9)

¿Por qué caminamos niños? ¿Por qué perpetrar y perpetuar una dinámica tan insana y embrutecedora? La política Pikler-Loczy no es nueva, ni siquiera creo que Emmi Pikler fuese la primera en abordar el tema. ¿Por qué no se da a conocer? ¿Por qué nos empeñamos en decir que no pasa nada por llevarles de la mano? Claro que pasa. Igual que pasa si llevamos de la mano al esclavo de Sócrates, que seguiremos siendo esclavos y seguiremos siendo caminados. Los olvidados de sí.

Se hace necesaria la revolución y el comunicar la buena nueva. La igualdad de inteligencias y el moverse en libertad.

Bibliografía:

EAP Sector Manacor-Campos. Infancia i perjudici. El moviment en el primer any de vida. Graficas Planissi, 2006

PIKLER, Emmi. Moverse en libertad. Desarrollo de la motricidad global. Editorial Narcea. Madrid, 2009

RÀNCIERE, Jacques. El maestro ignorante. Editorial Laertes, Barcelona 2003

MÈLICH, Joan-Carles. Ética de la compasión. Herder Editorial. Barcelona, 2010

VÁZQUEZ, Eugenia. Creciendo con Emmi Pikler. Movimiento en libertad.
https://www.facebook.com/groups/436862633022634/?ref=ts&fref=ts

GRUPO Pikler-Loczy en Rosa Sensat (grupo de trabajo).
http://www2.rosasensat.org/es/pagina/grup-pikler-loczy

5 comentarios en “Emmi Pikler, el instituto Loczy y la emancipación intelectual según Rancière/Jacotot

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  4. Hola, buenos días:

    En primer lugar, enhorabuena por el blog y muchas gracias por estas reflexiones tan interesantes que voy a poner en práctica sin duda con mi bebé recién nacido de un mes y medio.

    Sin embargo, tengo una niña de tres años a la que, después de leer todos los artículos publicados, además de forzar sus posturas y movimiento de bebé porque carecíamos de esta formación y creíamos que era ‘normal’, me he dado cuenta de que la hemos convertido en un ser muy dependiente emocionalmente cuando precisamente lo que buscábamos su padre y yo era todo lo contrario: proporcionarla confianza para desenvolverse en el mundo que nos rodea.

    Por ejemplo, al animarla con un ¡muy bien! cuando pinta o hace algo para ser más autónoma como vestirse estoy segura de que ahora busca nuestra aprobación y agrado y esto es lo que nos dice la sociedad. Al intentar darla confianza hemos hecho que dependa mucho de nosotros y le cuesta relacionarse con los demás y descubrir el mundo por sí misma. Siempre necesita un adulto, especialmente nosotros o la/las profes para desenvolverse.

    Por tanto, una vez hechas mal las cosas estos tres años me preocupa cómo reconducirla tanto en cuestiones corporales como emocionales para conseguir que sea una niña libre y feliz y me imagino que les pasará a muchos padres como yo que acaben de descubrir los fallos que hemos cometido a través de vuestras aportaciones.

    Muchas gracias

    Saludos y enhorabuena de nuevo,

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