La cuestión de diferenciar la autonomía (real) de la falsa autonomía admite pocos atajos, es un tema complejo en el que intervienen distintos variables y que nos requiere atención, observación y revisión como actitud cotidiana.

Pero aun comprendiendo toda esta complejidad, hay formas de abordaje que nos pueden aportar claridad en el acompañamiento de la autonomía. Una de estas formas sería la gradualidad, un concepto aplicable a muchos aspectos del día a día tanto en la escuela o el hogar.

Para comprender este concepto vamos a servirnos de un ejemplo común para hablar de la gradualidad en el acompañamiento al desarrollo de la autonomía: el momento del mediodía o de la comida.

Durante el tiempo del mediodía hay distintas rutinas que son ineludibles para el infante, como podrían ser lavarse las manos, sentarse en la mesa a comer y volver a lavarse las manos. Tanto lavarse las manos (antes y después) como sentarse en la mesa a comer, estan llenos de pequeñas acciones que el infante tiene que ir aprendiendo, resolviendo e integrando, mientras la persona adulta debe hacer el ejercicio de conocer al infante para saber hasta dónde puede hacer por sí mismo y dónde necesita el apoyo del adulto.

Sabemos, que para que el infante pueda hacer por sí mismo hace falta que la organización sea pertinente y coherente y que los medios al alcance sirvan de apoyo y no de dificultad. Cuestiones como la altura de las mesas y las sillas, el tipo de cubiertos, platos y vasos, si el lavamanos está a la medida adecuada, si es posible ponerse el jabón por sí mismos o está lejos o es incómodo, dónde están las toallas para secarse, etc. Todas estas cuestiones pueden parcer obvias o sencillas, pero requieren ser pensadas y proyectadas para que las condiciones en las que el infante se encuentra en su día a día sean un verdadero apoyo a su autonomía.

Por otro lado, aún por muy bien que estén dispuestas las condiciones, el infante va a requerir de tiempo para ir resolviendo e integrando estas pequeñas acciones. Empezamos por ejemplo sujetando el vaso al darle de beber y a medida que el infante lo coge con más firmeza y seguridad, podemos ir dejando de sujetarlo e ir alejando la mano, hasta el momento en el que el vaso estará en la mesa y será el infante quien lo coja y lo vuela a dejar. Lo mismo para comer, el infante comenzará comiendo con las manos o con la ayuda del adulto y a medida que sus capacidades maduren podrá ir cogiendo los cubiertos más hábilmente y realizando cada vez más acciones sin el apoyo directo del adulto.

A esto le llamamos gradualidad. Pero la gradualidad no se queda solo en desarrollo del proceso de forma aislada del resto de procesos.

Como decía al inicio de este texto, hay rutinas y acciones que son ineludibles en el espacio del mediodía, pero hay otras que las puede hacer el infante o las puede hacer el adulto. Algunos ejemplos serían: guardar los baberos al acabar, recoger los platos, servirse el agua con una pequeña jarra, pelar la fruta con las manos como plátanos o mandarinas, etc.

A veces es difícil saber en qué momento estamos sobre exigiendo al infante pidiéndole demasiado o en qué momento estamos haciendo de menos su capacidad de participar y hacer por sí mismo no dejándole resolver nuevos retos interesantes para su desarrollo.

Tal como lo entiendo, aquí entra de nuevo el concepto de gradualidad.

Tanto si abordo la cuestión en la escuela como en el hogar (aunque las dificultades a veces parten de lugares distintos) tengo que poder pensar la introducción de nuevas rutinas y acciones en su conjunto, no se pueden pensar de forma independiente o desvinculada del resto de rutinas, de la misma manera que no podemos parcelar al infante.

Si me planteo por ejemplo si estan preparado para guardar el babero al acabar o si será una oportunidad para ellos y ellas, tengo que poder observar y conocer qué sucede y cómo sucede el resto del día y en especial todo el momento del mediodía.

Si al infante todavía le cuesta pinchar con el tenedor quizá no será momento de pedirle que se ponga también agua con la jarra, por muy adaptada que la jarra esté. Hay que medir muy bien cuántas cosas le pedimos a la vez y qué reto le representan, porque si pedimos muchas cosas a la vez, cosas que todavía no le resultan fáciles y que le requieren esfuerzo y gran atención, corremos el riesgo de sobre exigir al infante y hacerle sentir que no es suficientemente competente, además de agotarlos emocional y mentalmente.

Lo mismo que si le pido que al acabar de comer vaya a guardar el babero. ¿Cómo ha sido la comida? ¿La resuelve de forma cómoda? ¿Hay un ambiente agradable? ¿Ha integrado las distintas acciones? ¿Hay espacio para plantear nuevos retos y que los viva desde el placer y la competencia?

Cuando nos hacemos estas preguntas, nos damos cuenta también de que no todos los infantes estarán preparados en el mismo momento, que no tienen que hacerlo todos o ninguno, aunque no podamos descuidar el ambiente del grupo cuando nos hacemos estas preguntas.

Por otro lado, para saber si el grupo en general y el infante en particular están preparados, será imprescindible hacer uso de la observación y del registro. Para esto tampoco es necesario que nos compliquemos la tarea, cuando las rutinas y las acciones son claras tanto para las personas educadoras como para el infante, podemos hacer una rúbrica sencilla de observación que nos ayude a profundizar en el proceso y en el conocimiento de los infantes. De esta manera nos será mucho más sencillo saber (y no adivinar) en qué momento podemos ir introduciendo nuevas rutinas y acciones, acciones que le sumen en su proceso de desarrollo en lugar de restarle.

Es clave poder ajustar la organización y la gradualidad de las rutinas para el apoyo de una autonomía real, donde las nuevas acciones que se planeen sean verdaderamente significativas (también recogiendo sus iniciativas) y el infante pueda vivirlas desde el placer de resolver nuevos retos afianzando su sentimiento de competencia.

La gradualidad, la gradualidad es clave.

Romina Perez Toldi, pedagoga especializada en primera infancia.

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Romina Perez Toldi
Romina Perez Toldi
¡Hola! Soy Romina Perez Toldi, pedagoga especializada en primera infancia. Trabajo con familias y profesionales para una cultura de la infancia emancipada, un acompañamiento cuidadoso y unas relaciones de calidad desde las que todos podamos crecer en armonía y encontrar nuestro lugar en el mundo.

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