Me tiende la mano, ¿qué hago?

USA. East Hampton. New York. 1995.

Desde que me he aproximado más íntima y profesionalmente al mundo de la familia he podido ver que existe una confusión bastante generalizada sobre el hecho de dar o no la mano al empezar a caminar.

Muchas familias ya conocen esa premisa del “movimiento libre” sobre “no dar la mano para ayudar a caminar”. Podría parecer una indicación sencilla que se resuelve en “tú hijo caminará por sí mismo cuando esté preparado, no lo conduzcas a ello”. Pero constantemente aparecen los interrogantes del tipo ¿y si me tiende la mano, qué hago?

No es la intención de este artículo ofrecer recetas, más bien pretendo llevar a la reflexión sobre las implicaciones de dar o no la mano y de la mirada que implica la forma de atención particular que surge, entre otras formas pedagógicas, del movimiento libre de Pikler-Loczy. Luego es cosa de cada cuál valorar si esta línea de discurso le sirve para la reflexión o prefiere desecharla.

Voy a comenzar volviendo a aclarar que Emmi Pikler daba muchísima importancia al acompañamiento y la disponibilidad del adulto para dar respuesta a las necesidades del bebé/niño. No se trata de que el bebé haga las cosas solo, si no darle la oportunidad de hacerlas por sí mismo. Dijimos también que la autonomía no es obligatoria.

Por tanto, no se trata en ningún momento de negar la atención al pequeño sino comprender que esta atención y cuidado no implica darle necesariamente la mano para “ayudarle a caminar” ni que eso sea lo que nos está pidiendo. Se da en este asunto una cuestión de interpretación de las necesidades y demandas de los niños y niñas.

USA. New Rochelle, New York. 1953.

Cito a Pikler en Moverse en libertad:

[No se ayudará al niño] cuando se ponga de pie agarrándose, ni después cuando de algunos pasos al lado de los muebles; tampoco más tarde cuando, solo y sin apoyo, de sus primeros pasos libres.

También dice:

Si el niño tiende la mano o se agarra a los vestidos de la nurse, ésta le coge en brazos pero no le lleva de la mano. Más tarde, cuando ya domina bien la marcha, se evita también llevarle de la mano para pasearle. Es evidente, y es preciso aclararlo, que se da la mano al niño cuando éste la tiende hacía el adulto para establecer un vínculo; en este estadio ya no se trata de enseñarle a andar.

Vayamos por partes:

  • No se “ayuda” al niño a realizar movimientos ni se le da la mano para empezar, ayudar o enseñar a andar.
  • Si tiende la mano se interpreta que necesita atención y se le coge en brazos.
  • No se le da la mano para pasearlo (que no es lo mismo que pasear juntos). Se esta hablando de no “conducir” al niño por medio de darle la mano.
  • Sí se da la mano, cómo respuesta, cuando se trata de establecer o reforzar un vínculo, pero nunca para ayudarlo o enseñarle un movimiento.

El no dar la mano para “ayudar” a caminar se basa en:

  • Los niños no necesitan “ayuda” ni que se les enseñe a caminar (ni a sentarse ni otros muchos movimientos). Aprender a caminar no es una cuestión de enseñanza sino de maduración. Se sentarán y caminarán por sí mismos cuando estén listos y maduros para ello.
  • Dar la mano para conducir o ayudar a realizar según que movimientos implica establecer dinámicas de dependencia. Si el adulto no ha iniciado está dinámica el niño no va a pedir que se le siente o se le de la mano para dar los primeros pasos. Es una cuestión de interpretación de la demanda-respuesta.
  • Dar la mano, animar, felicitar o conducir en el movimiento puede significar no se estar respetando el tiempo y el espacio que el niño necesita para alcanzar este hito tan crucial del desarrollo motor.

Los bebés desean complacernos constantemente, desean ser amados cuidados y protegidos, sus padres somos lo más de lo más. Si los sentamos nos complacerán buscando la forma de aguantarse en esa posición, si les “ayudamos” o animamos a dar los primeros pasos (con o sin mano) querrán complacernos aprendiendo a andar.

¿Cuál puede ser la diferencia, en semanas o meses, de un niño/a que aprendió por sí solo a andar o uno que fue conducido? ¿Quizá un par de meses a los sumo? Ni que fueran 6 meses. ¿Merece la pena?

Personalmente entiendo que la diferencia fundamental (sin contar lo que pueda suceder a nivel fisiológico y/o cognitivo) estriba en un niño que confía en su capacidades y se siente querido y respetado en lo que es y en tanto lo es, o en un niño que interpreta que necesita a sus padres para algo tan fundamental cómo andar y que busca la aprobación de estos mismos padres al esforzarse en ser algo que no está siendo en ese momento.

Un niño que no camina está haciendo otro tipo de descubrimiento de sí y del mundo. Está madurando y desarrollándose, está en su momento de otra cosa.

Los antiguos griegos llamaban Kairós al momento justo de cada cosa, el momento oportuno, un tiempo indeterminado y limitado. Kairós no es el tiempo como medida sino el tiempo como participación en el propio tiempo. Esos momentos de ¡Sí, este es el momento! ¡Mi momento! Los antiguos griegos distinguían entre Kronos, el tiempo cronológico y secuencial, y Kairós que se refería al tiempo como momento, el momento oportuno o el momento adecuado o justo para cada cosa fuera del tiempo cronológico o no regido por este. Kairós es el momento en el que uno se siente en sintonía con el propio tiempo, participa de él y puede afirmarse en el sí de ese momento.

Empezar a andar, pertenece aquí al Kairós y al momento oportuno para ello. Gatear, sentarse o empezar a andar no son algo que debamos decidir los padres, creo que deberíamos tomar consciencia de que el desarrollo motor es algo íntimo, madurativo y que pertenece al Kairós de nuestros hijos. El momento oportuno para caminar solo lo conocen ellos, ¿para qué intervenir a riesgo de cargarnos el momento oportuno para ello?

Además y siendo más pragmáticos, existen otros motivos por los que no se recomienda dar la mano para “enseñar” a andar:

  • Cogidos de la mano el equilibrio se ejerce de forma muy distinta, es importante empezara a andar con los brazos libres, de forma coordinada y cruzada (como en el gateo), en la dirección que el niño decida o desee y también dando la cantidad de pasos que el niño decida. Ni más ni menos.
  • Puede provocar tensiones musculares innecesarias (como dicen en Pikler-Loczy, posiciones y movimientos crispados)
  • El pequeño va a estar ocupando tiempo y esfuerzos en algo para lo que no está maduro, pudiendo ocupar ese mismo tiempo y esfuerzo en aquella voluntad espontánea de movimiento y exploración.
  • Dejamos de dar oportunidad a la actividad y la capacidad autónoma de nuestros hijos.
  • Andar (moverse) no solo implica desplazamiento, también implica una forma particular de ocupar el espacio. Los niños/as que han empezado a caminar por sí mismos tienen  una mayor consciencia del espacio y de sí mismos en él.
  • Podemos conducir a dinámicas de dependencia con los adultos y una percepción de incapacidad o desconfianza en sí mismo y sus capacidades.

No quiero olvidarme de decir que el movimiento es también expresión del pensamiento. Los seres humanos pensamos generalmente por medio de la palabra, ¿qué hay antes de la palabra? Movimiento. Dejemos que se muevan y se expresen en toda su complejidad y potencia. El movimiento libre es el primer paso de la emancipación intelectual.

¿PASEAR DE LA MANO?

Otra cosa es cuando un niño/a que ya hace tiempo que tiene una marcha segura nos pide la mano para pasear. Personalmente, también le doy la mano en muchas ocasiones a mi pareja cuando paseamos, así que mi hija ha aprendido de ese modelo de relación y  muestra de cariño. En muchísimas ocasiones paseamos ella y yo de la mano, ella con su padre, ella con su abuela o todos juntos.

NEPAL. Kathmandu. 1983.

Es importante distinguir cuando ese dar la mano implica una conducción o intervención en el aprender a caminar o en la actividad y la capacidad autónoma y cuando este dar la mano forma parte de otra cosa. No es lo mismo llevar de la mano que ir de la mano, ir de la mano implica una voluntad mutua.

De todas formas, un niño o niña que hace poco que da esos primeros pasos de forma segura no suele demandar la mano para “pasear” ya que no pasean, más bien acostumbran a revolotear. La forma de ocupar el espacio y realizar este acto de ir de la mano para “pasear” implica otro tipo de maduración cognitiva, emocional  y psicomotora que suele darse mucho más tarde.

¿QUÉ OCURRE SI YA LE HEMOS DADO LA MANO?

Cómo siempre digo lo más importante es no fustigarnos y céntranos en aquello que sí podemos hacer.

Si estamos en ese momento delicado de empezar a andar, miraremos de romper con la dinámica establecida.

No le negaremos la mano de golpe ni de forma brusca, no se trata que lo viva como un rechazo, pero evitaremos ofrecérsela nosotros y darle más espacio y tiempo para que realice este proceso de forma autónoma. A su ritmo. Evitaremos también animarle, felicitarle o cualquier cosa por el estilo. La alegría del movimiento debería surgir de ellos y no como respuesta a nuestra complacencia.

¿Y si ya camina de forma segura pero le dimos la mano para enseñarle a andar?

Entonces ese momento ya pasó, pero nos queda toda una vida de relaciones íntimas, familiares y de enseñanza aprendizaje en que la mirada que ejerzamos sobre sus potencias y capacidades podrá ser la de la confianza o la de la dependencia.

¿Qué significa acompañar? ¿Qué quiere decir estar disponible? ¿Para que me necesitan mis hijos? ¿Cuál es mi papel? ¿Maduración, aprendizaje o enseñanza? ¿Cuál es lugar de cada una?

La respuesta a estas preguntas es muy personal y solo las puede responder cada uno. Por mi parte y en esta web quiero seguir reflexionando sobre estas cuestiones y feliz de encontrar a los que queráis acompañarme, que veo que cada vez sois más 😉

Muchísimas gracias y ya sabéis que nos nutrimos todos de vuestros comentarios.

(Las fotos son de Elliot Erwitt y pertenecen a Magnum Photos a quien agradezco su política tan generosa. Es mi pequeño homenaje al maravilloso libro Handbook de Erwitt que podéis consultar aquí)

También podéis consultar otros artículos relacionados en la sección Movimiento libre y autonomía.

8 comentarios en “Me tiende la mano, ¿qué hago?

  1. Hola,
    Acabo de leer el post, muchas gracias es de lo poco que he encontrado en cuanto a qué hacer si ya le has dado la mano para andar y ahora no quiere otra cosa. De hecho, llega a mí, gateando se pone de pie cogiendose de mi ropa (yo sin ayudar), me agarra de los brazos y se lanza a andar, lo sujete yo o no se lanza cogido de mi mano, que hago? Lo dejo caer?
    Gracias

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  2. Perdona… te acabo de escribir en otro post y en éste he aclarado bastantes cosas. Pero me sigue quedando una duda. Cuando la persona que cuida al bebé le da la mano para caminar (estando advertida de no hacerlo) y ahora nos lo demanda a nosotros… ¿qué hacemos? Nunca lo hicimos, nunca le ayudamos a ningún movimiento, pero si no le damos la mano se frustra mucho. ¿Cómo debemos actuar? Hoy se la di por primera vez y se puso como loca de contenta a caminar. Sonará exagerado, pero lo sentí como una gran derrota 😦
    Muchas gracias!

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  3. Tengo la sensación de que esto de no ayudar al bebé en sus movimientos es como la gota que colma el vaso de “rarezas” y lo que la gente no entiende en absoluto… Teta a demanda, vale, portear, vale, que el nene coma solo, bueno, vale, con reparos pero vale, esto de no darle la mano ya no cabe en ninguna cabeza y me da pena porque lo intentas explicar y te miran como la loca de las teorías raras. En fin, más vale que estoy casi todo el día con mi hijo y hago lo que me da la gana. A su padre le pide la mano, a mí no 😉

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    • Me he sentido identificada con tus palabras. Ya me han llegado a decir que si no le doy la mano mi hijo no va a andar nunca. La verdad es que a veces me siento muy incomprendida, bueno nos sentimos porque mi marido comparte conmigo la forma que tenemos de criar a nuestro hijo. Un saludo

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      • Hola Tania! Lo de la incomprensión de la familia y amigos es bastante recurrente entre los que hemos escogido esta forma de crianza. La mayoría no lo conoce y por lo tanto no aprecia lo hermoso que es ver a tus hijos crecer a su tiempo y la potencia que puede llegar a representar. me alegro de que en este caso tú y tu marido estéis unidos. El resto que diga lo que quiera, tu hijo caminará digan lo que digan… 😉 Gracias por escribir y un abrazo!

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