Jornada de puertas abiertas ¿o de puertas cerradas?

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Le cadran scolaire de Robert Doisneau

Dije que este mes no iba a escribir. Tengo un montón de cosas por hacer, entre ellas buscar escuela (P3) para Greta e ir de un colegio a otro esperando un milagro. Lo de ayer fue el colmo.

Abren una nueva escuela en Barcelona, de estas que pueden llamarse “alternativas“. La Escola Entença abre el próximo curso 2016-17 en barracones y con 50 plazas de P3. Si alguien no se había enterado ya os podéis poner a la cola de contar puntos y rogar al cielo.

Las Puertas Abiertas fueron ayer por la tarde en la Sala de Actos de la Escola del Treball, no había que llamar para reservar plaza. Las familias empezaron a llegar, una barbaridad de gente, no cabíamos. Se quedaron muchas fuera, tantas que tendrán que convocar otras Puertas Abiertas. Aquello era insostenible.

A una parte de las familias que estábamos allí ni siquiera nos toca por zona. Cabía la esperanza, siendo una escuela que empieza en barracones y con incertidumbres, que sobrasen plazas, pero el anuncio de una nueva escuela en Barcelona, pública y “alternativa”, lleva días corriendo por Facebook, Whatsapp y el clásico boca a boca.

Ciertamente, había personas que solo iban a chafardear, pero la convocatoria fue tan masiva que tampoco podemos cerrar los ojos ante la evidencia. Allí estábamos, agarrándonos a un clavo ardiendo.

Durante la presentación de la nueva escuela se hizo énfasis en la fe que hay que depositar en un proyecto que empieza. Cierto, pero lo de ayer no solo iba de eso. Casi al final de la ronda de preguntas y comentarios una buena amiga levanto la mano y dijo (entre otras cosas):

Muchas familias no estamos aquí por fe en este proyecto, estamos aquí por desesperación.

Me parece de lo más lúcido que escuché ayer por la tarde. Gran parte de familias estábamos allí por desesperación. No hay plazas suficientes para todos, ni de lejos. La gente se inventa alergias, se empadrona en casa de amigos o se cambia de domicilio y, algunos de los que se quedan sin plaza, llegan a denunciar a los que trampean. Es desesperación:

Por no querer ver a tus hijos sentados durante horas haciendo fichas o cualquier otra cosa que se le parezca.

Por una escuela que no esté presidida por una pizarra.

Por una escuela que no te juzgue como familia ni te diga lo que tienes o no tienes que hacer en tu intimidad.

Por una escuela donde el currículum no arrase con la infancia.

Por una escuela que  no los atiborre de exámenes y evaluaciones.

Por una escuela que no nos joda “por nuestro bien”.

Por una escuela que no los manipule con bonitas palabras ni los castigue por esto o por lo otro.

Por una escuela donde se sientan bien tratados y respetados en lo que están siendo.

Por una escuela que preserve sus ganas de aprender.

Por una escuela donde puedan moverse libremente y decidir sobre lo que aprenden y cómo lo aprenden (a partir de Primaria, ya no lo tengo tan claro, se puede leer aquí)

Por una escuela que no nos imponga deberes por las tardes ni el fin de semana (también por nuestro bien).

Por una escuela donde los pañales no sean vistos como un problema, ni los chupetes, ni el colecho ni la lactancia.

Por una escuela donde la infancia no sea algo que superar y se preserve el máximo de tiempo posible.

Por una escuela donde poder acompañar a nuestros hijos hasta que se sientan seguros en ese nuevo espacio (tienen 2 y 3 años). Por una adaptación sin prisas ni rechazos.

Por una escuela pública en su sentido más amplio.

Por una escuela que nos resulte hospitalaria, acogedora y abierta, que acompañe sin juzgar y que no se deje la vida, la de nadie, fuera.

En Barcelona las escuelas de este estilo se pueden contar con los dedos de una mano y me sobra.

Cada vez más niños se quedan sin escuela (o en escuelas imposibles de pagar durante toda la primaria) porque cada vez más familias no queremos llevar a nuestros hijos a la “escuela ordinaria”, porque nos parece que es llevarlos al matadero.

La oferta y la demanda están completamente desequilibradas. Hemos llegado a un punto histórico. Respeto la decisión de cada familia de educar a sus hijos dentro de su forma de comprender la vida. Pero para los que queremos “otra cosa” no hay plazas ni opciones.

A nosotros ni siquiera nos entusiasmó el proyecto. Si pudiese escoger no sería esa la elegida, pero allí estábamos, rezando por una plaza.

Dice Dominique Sampiero sobre la escuela “ordinaria”:

     Confío: tus propios hijos preparan en tu seno tu ruina. No te escuchan, te huyen, pintan con sus protestas las fachadas, lo pintan todo, explotan cabinas de teléfono, queman coches. Saquean las escuelas. Tus ministros se desesperan: no saben ya ni leer ni escribir, las cifras se incrementan.
      Agonizas y lo sabes.
      No has sido nunca laica ni democrática. Tus discursos disfrazan tu gueto; tus teorías esconden tu neurosis.
      Te odio por eso, por ser incapaz de mirarte de frente. Tu decadencia está cantada. Estamos a las puertas: ya lo sabes.

Ayer nos teníamos que haber ido, todos, a las puertas del Ayuntamiento. Aporrear los muros. Las Puertas Abiertas solo constatan las puertas que se nos cierran. Se me acaban las buenas palabras.

 

 

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