El miedo a la escuela

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Hasta el momento todo lo que he escrito aquí me ha resultado relativamente sencillo, le he echado horas y trabajo pero me comprometía hasta cierto punto. Creo que ha llegado el día de ese post “jodido” que no sabes ni como abordar.

Muchos ya sabréis que hace unos meses hicimos la prescripción para P3 de nuestra hija. Sin más dilación voy ha decir que nos equivocamos. ¡Bien! ¡Lo dije! La cagamos  (me haré unos tachones de esos típicos de los blogs).

Creo que nos dejamos arrastrar por el miedo a la escuela y no por amor a la escuela. Nos movimos por fobias y no por filias, y eso provocó, además, que olvidase un montón de años de formación. Y con formación no me refiero a un título de Pedagoga y un par de másters en Educación, me refiero a todo lo que he leído con pasión, todo lo que he trabajado durante años y todo aquello en lo que creía. El miedo me pudo.

Nos pudo el miedo a las adaptaciones de mierda que hacen muchas escuelas. Nos pudo el miedo a los castigos y humillaciones con los que siguen trabajando en muchas escuelas. Nos pudo el miedo a que machacasen con exigencias a nuestra hija de 3 años. Nos pudo el miedo a que le pisoteasen la infancia. Nos pudo el miedo a la saturación de deberes y exámenes. Nos pudo el miedo a la escuela y muchos de sus males. Este miedo hizo que olvidásemos todas las potencias que pueden residir en la escuela pública. Buscamos una escuela que no pareciese una escuela y ahí, creo, nos equivocamos.

3 años es demasiado temprano para nosotros, pero este sistema educativo te obliga a escolarizar a los 3 o es casi como quedar fuera. Después de P3 no hay quien encuentre una plaza de escuela pública y en tu barrio. O te vas a la periferia a una hora de tu casa o a una concertada o a veces ni eso. Decir que la escolarización obligatoria empieza a los 6 años es mentira. Tal como está montado te fuerzan a hacerlo en P3.

Así, que desde que empecé a mirar escuelas hace ya meses, que vengo diciendo que muchos centros tienen mejores proyectos para Primaria que para Infantil, pero leñe, tu hija tiene 3 años y te horroriza meterla en según que lugares. ¿Pero después? ¿Qué pasaría si pudiésemos escolarizar a los 6, ya en Primaria?  No sé si nos hubiésemos fijado en una escuela que no parece una escuela.

Creo en la Escuela Pública por todo lo que representa y puede llegar a representar. También creo que entre el miedo a la escuela y las campañas de marketing de muchos modelos “innovadores” nos la podemos llegar a cargar. La escuela puede llegar a desaparecer, no como edificio pero sí en lo que representa y en lo que aporta. Eso también me asusta, quizá me asuste más eso que la propia escuela, porque ni siquiera es una desescolarización auténtica, es un espejismo.

¿Qué hacen los estados/gobiernos/políticas totalitarias? O imponen una educación muy rígida basada en la instrucción más que en la transmisión de conocimiento y/o hacen desaparecer libros y memoria, los libros se censuran y la memoria se pervierte. Sea como sea, se niega el conocimiento como materia de estudio en pro de un modelo de ciudadano muy concreto. Precisamente los estados totalitarios hacen más énfasis en el Ser que en el Saber o el Conocer. El saber permite la reflexión crítica, pero la reflexión sin conocimiento previo solo conduce a la opinión y la opinión no te emancipa, te arrastra. Ya decía Platón que el conocimiento no es opinión y la opinión es un peligro. El Ser sin el Saber, es algo muy voluble.

Entonces, me fui a buscar a mi querido Enric y al tierno Alex, pedagogos ellos con los que hablé de escuela pública y políticas educativas (primeras bofetadas). Me puse a re/leer sobre la escuela pública y sobre el tipo de discursos que la atacan (más bofetadas) para darme cuenta de que soy uno de esos peligros. Recomiendo efusivamente el libro de Jan Masschelein y Marteen Simons Defensa de la escuela. Una cuestión pública (aquí en pdf). Agradezco todas y cada una de esas bofetadas y la oportunidad que me han dado de volver a pensar sobre algunos conceptos y el camino que estábamos tomando.

Precisamente, corre también por ahí, un artículo muy interesante de Xavier Antich sobre los peligros de dejar de transmitir conocimiento* desde la escuela, Coneixement sense transmissió. Cito y traduzco:

Porque todo conocimiento, desde el perceptivo al intelectual, es la forma más genuinamente humana que tenemos para salir de nosotros mismos, para descubrir la exterioridad, para acceder a la experiencia del otro. Es decir: la única forma que tenemos para enriquecernos fuera de nosotros mismos. Construir conocimiento a partir de la ausencia de transmisión de conocimiento es condenarnos a la inexorable limitación de la experiencia propia, tan pequeña ella.

Estas últimas semanas me pregunto dónde nos está llevando esta “innovación” pedagógica que se muestra con tanta fuerza en ciudades como Barcelona y de la que yo misma estoy siendo partícipe.

Escuelas innovadoras supuestamente públicas y que se comportan como privadas. Escuelas “innovadoras” privadas que se supone educan en los valores de la comunidad, el compromiso social y la democracia pero no quieren ser públicas ni parecerse porque quieren seguir escogiendo a su público. El marketing de la felicidad y la exclusividad me lo he comido con patatas.

Michel Foucault, que inauguro el biopoder, por decirlo sencillo, dijo en su momento que el poder sobre el sujeto había pasado de ejercerse a través del alma prometiendo la vida eterna y el paraíso, para ejercerse a través de la psique, la salud mental y la vida plena. Quizá ahora diría que el control sobre el sujeto se ejerce a través de las emociones y bajo la promesa de la felicidad en todo su auge. Felicidad que se ha convertido en una exigencia de complicada consecución.

Evidentemente, también quiero una hija feliz y cuido mucho sus sentimientos y emociones, pero ¿cuántas cosas hemos estado olvidando? ¿Justifica eso nuestro miedo a la escuela? Parece ser que durante demasiado tiempo ha sido así. También apuesto por la renovación de la escuela pública, por dejar atrás muchos lastres, eso es evidente y necesario, pero ¿una renovación hacía dónde? Este debate también es muy necesario.

Quiero emprender un nuevo camino, quiero volver a la esencia de la escuela pública, de la escuela para cualquiera, de la escuela como mediadora/comunicadora del saber del mundo, la humanidad y su memoria. Una escuela en toda su potencia.

Una escuela que no deje al alumno solo consigo mismo (y su experiencia) ni al profesor solo consigo mismo (y su explicación). Una escuela dónde la atención no esté puesta en el alumno ni en el profesor sino puesta en la materia de estudio. Porque igual que las generaciones jóvenes tienen mucho por hacer y por renovar (profanar), las generaciones viejas también tienen mucho por transmitir y comunicar. Aquello de preservar lo nuevo sobre lo viejo y lo viejo sobre lo nuevo que decía Hanna Arendt. Si perdemos la memoria, la capacidad de estudio, de escucha, de descentralización del ser, si perdemos la escuela como lugar de la igualdad y lugar de la atención al mundo, quizá estemos perdiendo también la oportunidad de una escuela que emancipe y no adoctrine.

Una escuela que no reduzca el conocimiento a la mera experiencia, como dice Antich, tan pequeña ella. Una escuela que haga la función de la escuela, sin complejos.

Cree que la memoria es débil porque no cree en el poder de la inteligencia humana.

El maestro ignorante de Jacques Rancière.

 

*Aquí Masschelein y Simons dirían que la función de la escuela no es transmitir conocimiento sino que el maestro es la figura que debe hacer la mediación entre el mundo y el alumno, colocar algo interesante entre ellos dos (la materia) de forma que no sea el ejercicio de una inteligencia sobre otra inteligencia (atontamiento) sino el ejercicio de dos inteligencias sobre una misma cosa (emancipación).

 

 

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