¿Lactancia a demanda y dependencia? Otro mito más.

Greta nació el 25 de abril de 2013. Siempre tuve claro que le daría el pecho, así que durante el embarazo me empapé de bibliografía sobre lactancia materna a demanda y leí blogs de otras madres que contaban su experiencia. Hoy, en apoyo a la Semana Mundial de la Lactancia Materna, voy a hacer lo mismo, voy a contar parte de mi historia, pero me voy a centrar en una aspecto, en esa «teoría» o más bien mito, que dice que si das el pecho a demanda y les das teta cada vez que tiene  un  dolor o un disgusto, tus hijos crecerán como personas dependientes incapaces de gestionar sus frustraciones sin una teta cerca.

Los que conocéis mi trayectoria sabréis que la «autonomía» es un tema recurrente sobre el que trabajo y también sabréis que me gusta distinguir el concepto de independencia del de autonomía, ya que el primero va de hacer las cosas solo y no necesitar ayuda y el segundo va de la capacidad de autogobierno y la toma de decisiones (podéis ampliar aquí).

Pero vamos al lío. A Greta siempre le he dado el pecho a demanda y hasta prácticamente el año creo que no se lo negué en ningún momento. Luego a veces le dije que esperase un momento y de más mayor que solo un poco o que ahora no podía o no me apetecía, pero nunca se lo he negado cuando ha estado enferma o a tenido un gran disgusto o un gran dolor de cualquier tipo. Tampoco se lo he negado cuando hemos discutido o yo me he disgustado con ella por algún motivo.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención en todo este proceso es como la mayor parte de las veces en que ella se enfadaba conmigo por haberle negado alguna cosa, lloraba y se alejaba de mí para volver al momento a pedirme teta. Así que, aunque el disgusto pudiese ser la una con la otra o de ella conmigo, el pecho de alguna forma nos ha llevado irremediablemente a pasarlo siempre juntas. Esto no ha hecho más que acrecentar nuestra confianza e intimidad. El pecho hacía que los conflictos también nos acercasen, me ha ayudado a poder consolarla y poder hablar de lo que ha pasado y como nos sentimos.

Greta tiene ahora 4 años y 3 meses más o menos y esto ya casi no sucede. A veces aún me pide el pecho cuando se disgusta, pero cada vez menos, ya no recuerdo la última vez que se hizo daño y me pidió teta. Tampoco durante la última vacuna hace unas semanas, se lo ofrecí y me dijo que no, se quedó en mi regazo, apretada, pero quería saber qué estaba pasando, no perderse nada, y para eso no podía estar enganchada al pecho. Se hace mayor, pensé.

Podréis imaginar también que en la gestión de sus emociones y sentimientos además de dar el pecho lo hemos ido trabajando desde otros ángulos como la aceptación, la toma de consciencia, la confianza y la compresión, pero sin negar el pecho. Greta así, por sí sola, a medida que va madurando está cambiado el pecho por otra forma de gestión de los conflictos y situaciones desagradables, básicamente llora o rebufa y lo hablamos.

Por las noches empecé a destetarla hace unos pocos meses, me estaba agotando demasiado, pero sigue tomando teta para dormir y al despertar, también a veces cuando está enferma o sé que se encuentra mal le doy por la noche. Creo que este proceso de destete nocturno implica a su vez una madurez que le permita la comprensión del contexto, de lo que implica y el poder gestionarlo para que no se «enquiste». Así que no tengo prisa.

No sé qué pasará antes, que yo deje de tener ganas o que ella deje de necesitar el pecho, lo que sé es que no tiene nada que ver con hacer a los hijos dependientes.

Dar el pecho a demanda e ir gestionándolo según la madurez de ella y mis propias necesidades no ha hecho a mi hija más dependiente, más bien todo lo contrario, ha propiciado un vinculo seguro, estable, está apoyando el desarrollo de su autonomía, la autorregulación, el conocimiento de sí, la conciencia del Otro, la gestión de emociones y sentimientos, una comunicación efectiva y fluida, la confianza mutua, un sentimiento de competencia sólido y la percepción de que el mundo es un lugar de acogida entre muchas otras cosas.

Como he dicho en otras ocasiones (por ejemplo aquí) el pecho no es el problema, es la solución. Lo he vivido siempre como una ventaja tanto para ella como para mí. Un niño o niña sano y que está desarrollando una madurez y una personalidad equilibrada no se va a quedar prendido de una teta para siempre. Van a querer alejarse, ocupar el tiempo en otras cosas, correr por ahí, irse con los amigos, desprenderse.

Llega un momento en el que ir (venir) a tomar teta cuando el mundo tiene tanto por ofrecer empieza a dejar de ser una prioridad y los niños se alejan y les tienes que decir que no se pueden ir tan lejos que no los veas o no sepas dónde están. Hay días en que mis pechos ya solo son «el descanso del guerrero» cuando llega la noche y los cuerpos desfallecen, otros días aún sirven para calmar las más grandes frustraciones, pero la demanda de esa «lactancia a demanda» está disminuyendo cada vez más.

El pecho no genera dependencia por sí solo, el pecho es tanto el lugar de la acogida materna como un lugar seguro del que partir. No tengáis miedo.

El pecho es una ventaja, también para su autonomía.


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Romina Perez Toldi
Pedagoga especializada en primera infancia 0–3. Profesora asociada en la UB y doctoranda. Trabajo con escuelas, profesionales y familias, y observo, reflexiono e investigo sobre infancia y mediación adulta.

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