La atención y el cuidado durante la comida o la experiencia en la Japonesa.

Para ir a comer a la Japonesa no hay que tener prisa. Tienes que llegar mucho antes de que abran o te quedarás sin comer, eso nos pasó ayer. Así que hoy hemos sido gente disciplinada, hemos salido pronto de casa y allí estábamos a las 11:30, en un banquito que tienen fuera y con un libro en la mano.

Un poco antes de que abran sale la mujer y pregunta si todos vamos a comer allí o alguien lo quiere para llevar. En la Japonesa hay un solo menú diario, lo único que puedes escoger es la bebida. En IG puedes ver el menú de la semana. Vas y confías.

Es un pequeño local, con una barra cuadrada donde te sientas alrededor de esa mujer que sirve cada plato con tanta delicadeza. La decoración es de ese estilo tan japonés que combina materiales naturales, los mínimos objetos y la calidez.

Somos diez personas, todas las que cabemos y, aunque ya sabes que solo hay un menú, ella te lo vuelve a mostrar para que no haya confusión. Entretanto te sirve un vaso de agua de una pequeña jarra que tiene en la nevera y te dice que cuando quieras más la avises.

El clima es casi de poder ir a ver al artista trabajar en su taller, es un menú sencillo que se sirve en una bandeja de bambú. Hoy había un ramen sin caldo, sopa de miso, encurtidos japoneses, berenjena semi dulce y un pequeño bizcocho de matcha como postre, todo delicioso.

Pero no es solo la experiencia culinaria, que también, es que somos diez personas y no nos sirve a las 10 de golpe, lo hace en orden de llegada y por parejas o grupos (nosotros éramos tres). Cada bol, cada ingrediente, cada gesto, estaban perfectamente medidos en la atención y el cuidado en lo que hacía. En la comida y en las personas.

Entonces pensaba en las escuelas infantiles, donde cada vez más, gracias a los turnos, puede estar una educadora con un grupo de niños y niñas de como mucho siete u ocho. Y no es solo un buen momento para entablar conversación o preguntar cómo estás, si te gusta o quieres más, es un magnífico momento para poder parar el tiempo con las manos, la mirada y la voz.

Cuidar la comida, la forma en la que la servimos, el tiempo que le dedicamos, eso también te hace sentir cuidado, el ambiente se vuelve cálido y la comida sabe mucho mejor, es como dejar atrás el ruido mental.

Recuerdo no hace mucho, de observadora durante la comida de un grupo de 1-2 que la educadora detuvo el plato que iba a servir y dijo, aquí hay una hebra, y la sacó delicadamente del puré de verduras. Estos gestos dicen tanto sobre la atención y el cuidado.

A medio comer mi hija tenía sed y me ha dicho «no sé cómo pedírselo». Hemos esperado un poco para pillarla en buen momento (estaba sirviendo a una pareja) y sin nosotras decir nada a aparecido a servirnos más agua: «os pongo más que tenéis el vaso vació».

También he pensado en todos esos niños y niñas que a veces no saben dirigirse a nosotras, no saben cómo hacerlo o en qué momento o a veces llegan a molestar porque no conocen otra manera, pero ella a aparecido, delicada, con una sonrisa en la cara y la jarra en la mano para ponernos agua fresca, estaba atenta.

No solo éramos diez para poder hacer una performance de la atención, es que la atención se respiraba.

En la Japonesa trabajan de lunes a viernes y cada día hacen una cantidad de comida determinada, habré calculado unos 30 menús a los sumo, y cuando se acaba, se acaba. Te piden disculpas y te invitan a venir otro día.

La comida es riquísima, podrían crecer si quisieran, pero cómo iban a ofrecer esta atención y cómo podría seguir esa mujer con esa expresión plácida en el rostro si se dejasen llevar por la producción en masa.

Entonces me pregunto ´¿cómo podemos trasladar todo esto a las escuelas? ¿Cuál es nuestro objetivo? ¿Dónde queremos poner la atención, a qué le queremos dedicar el tiempo? ¿Y en nuestra propia vida?

Muchas gracias por leer y no dejes de pasarte por la Japonesa.

Romina Perez Toldi, tu pedagoga de confianza 😉

Romina Perez Toldi
Pedagoga especializada en primera infancia 0–3. Profesora asociada en la UB y doctoranda. Trabajo con escuelas, profesionales y familias, y observo, reflexiono e investigo sobre infancia y mediación adulta.

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