Pequeño alegato a favor de decir NO a nuestros hijos

ITALY. Milan. Paola and Nanà.

¿De verdad es necesario evitar constantemente decir NO a nuestros hijos? ¿Hace falta desterrarlo como si tuviese la peste? Quizá os va a sorprender esta reflexión, pero voy a hacer un pequeño alegato a favor del NO.

El NO es una de las primeras palabras que aprende un bebé. En la escuela, con mis compañeras, hacíamos la broma de que una vez aprenden a decir NO y AGUA ya se pueden ir solos por el mundo. Estas dos palabras son de las primeras que aprende a decir un bebé (TETA también). Son fundamentales para comunicarse con el mundo, el NO es mucho más útil que el SÍ.

Fijaros que uno de los requisitos que se establecen para empezar el BLW es que el bebé sepa decir NO o expresar negación de forma gestual, sin eso no puede expresar si está o no saciado o si le gusta, el requisito no es SÍ, es NO.

De la misma forma una de las proclamas feministas por excelencia es: NO es NO. ¿Cuántas dificultades tenemos no solo para decirlo sino también para recibirlo?

El NO es imprescindible para manejarse en sociedad, para comunicarse, para decir lo que se quiere y lo que NO se quiere. ¿Cuántas personas cuentan que tienen problemas para decir NO? Que no saben decirlo, que no les sale y acaban accediendo a lo que sea por no saber negarse. ¿Cuántas personas cometen abusos por no saber recibir un NO?

Evidentemente, cuando hablamos de crianza, estar todo el día con el NO en la boca resulta frustrante y agotador para todas las partes, genera relaciones de desconfianza e inseguridad además de una percepción de uno mismo fácilmente negativa. En ningún caso defiendo estar diciendo que NO a todas horas y existen alternativas muy útiles.

La cosa es que el estar capando constantemente las iniciativas de un bebé o de un niño pequeño (o mayor) no depende solo de decir NO, se puede hacer igualmente con hermosos eufemismos y frases dulces que conseguirán lo mismo pero de forma encubierta. Tampoco me vale entonces. Se trata de la forma en la que nos relacionamos, que esperamos y que no esperamos, cómo miramos a la infancia, esa es la base.

Por otra parte, estoy de acuerdo en que muchos de esas listas con alternativas al NO nos ofrecen interesantes recursos y nos pueden ayudar a tender una mirada más positiva hacia las iniciativas infantiles, no es necesario decir constantemente que NO, es muy pesado y puede acabar en desastre, pero igual de pesado, confuso, frustrante y agotador puede ser estar evitando el NO por todos los medios.

También hay formas de decir que NO y no me refiero a alternativas, se puede decir suave y tranquilamente, sin broncas ni enganches, no hace falta hacer el ogro. Igual que a veces es necesario cogerlos y sacarlos de una situación en concreto y/o pararlos físicamente (por ejemplo cuando están pegando a otro niño) y esto se puede hacer de forma respetuosa o de forma violenta.

El NO es una palabra/concepto muy simple y que se entiende a la perfección. Hay que ser responsables y saber dosificarlo. Debemos evitar su abuso de la misma forma que obviarlo constantemente me parece el mismo abuso en el otro extremo.

Una forma de evitar el NO constante es un cambio de mirada y de paradigma que conlleve unas expectativas relaes sobre lo que puede y no puede un bebé o un niño según su momento de desarrollo. Adaptar el espacio y los materiales también hace que nos ahorremos un montón de NOes. Se trata de una forma de comprensión hacia la infancia, es una cuestión ética y epistemológica. Al final uso del NO o de sus alternativas puede ser meramente anecdótico.

El NO es muy útil por su claridad y sencillez: “Aquí NO pegamos” o “Si no te gusta le puedes decir que NO te lo haga”.  Aprender a decir que NO y aprender a recibir un NO son un aprendizaje fundamental para la vida en sociedad y en relación ¿Cuántos problemas de adultos nos ahorrariamos si aprendiéramos tanto a decirlo como a recibirlo?

¿Por qué tanto complejo a decir que NO? ¿Qué ganamos evitándolo a toda costa y haciendo malabares a veces casi imposibles con el lenguaje para evitar un simple NO? Y NO, NO siempre hay alternativa, a veces SÍ y a veces NO. No es la muerte.

¿Qué problema tenemos con los límites que los rehuimos como si no fuese cosa nuestra y esperasemos un milagro? Poner límites es hacernos responsable de nuestros hijos y de la infancia en general, los límites nos ubican en el contexto, marcan la forma en la que nos vamos a relacionar, son una forma de cuidado.

E igual que hay que ser responsables con los límites, hay que ser responsables con el NO, usarlo con medida, no lanzarlo de cualquier forma y evidentemente tomar conciencia de nuestro lenguaje, el uso que le damos y los efectos que tienen sobre los demás, pero el NO está ahí y es muy útil, para niños y adultos.

Decir NO es una forma de respeto y de cuidado. Aprende a usarlo, NO lo estigmatices.


Romina Perez Toldi. Asesora Pedagógica. Una mirada no ortodoxa de la mirada pikleriana y las pedagogías del cuidado.


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