¿Celebrar la Navidad?

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Charles LeBrun: La Nativité

Antes de nacer Greta la Navidad no me hacía ni fu ni fa. Ni a favor ni en contra, que se suele decir. Al quedarme embarazada la Navidad volvió a hacerse un hueco en mi vida, quería celebrar la Navidad de forma que tuviese un significado íntimo en nuestras vidas. Así que a parte de regalos, cuestiones estéticas, más o menos consumistas o de religión ¿qué íbamos a celebrar por Navidad?

En nuestra casa por Navidad celebramos precisamente la Natalidad. Queremos celebrar el milagro del nacimiento, encarnado esta vez simbólicamente en el nacimiento de Jesús, que pudo sobrevivir a la matanza de Herodes y al terror del totalitarismo.

En casa no somos nada religiosos, pero sí estamos muy a favor de algunas formas particulares de entender la infancia y en este caso, el Pesebre y la Navidad son un claro exponente de nuestra forma pagana de entender los milagros.

Jorge Larrosa, amigo y profesor, tiene un texto precioso que me ha acompañado por muchos años y que creo, encarna muy bien esta idea de natalidad que celebramos en casa por Navidad. En El enigma de la infancia se puede leer:

La necesidad del terror, dice Arendt, nace en el miedo a que con el nacimiento de cada ser humano un nuevo comienzo se eleve y haga oír su voz en el mundo. Si volvemos al nacimiento de Belén como modelo de todo nacimiento, el terror estaría encarnado en el infanticidio de Herodes. Herodes quiere controlar el futuro y tiene miedo de que el nacimiento de algo nuevo ponga en peligro la continuidad de su mundo. De ahí el acto totalitario por excelencia: matar a los niños para eliminar del mundo la novedad que podría amenazarlo.”

Y se pueden matar niños de forma literal o de forma simbólica. El resultado es el mismo, eliminar del mundo la potencia intrínseca que trae consigo cada nuevo nacimiento: el milagro de puro inicio, de lo que no puede ser controlado ni proyectado, todo aquel porvenir que aun es virgen, que está por hacer, por pensar, incierto y desconocido.

La infancia nos enfrenta constantemente ante la resistencia de ser controlada.

Cada nuevo nacimiento es un milagro en tanto que rompe con el curso ordinario de las cosas. Un nacimiento es siempre algo extraordinario, es siempre una irrupción que no sabemos dónde nos va a llevar y de nosotros depende acogerlo en lo que puede llegar a ser o reducirlo a lo que nosotros y nuestro mundo ya es, despojándolo de cualquier forma de potencia.

Así, sostener a un bebé en brazos no solo quiere decir hacerse responsable de su vida en el ahora, también es hacerse responsables de su futuro y del futuro del mundo. Un futuro que hay que cuidar, preservar y dejar ser.

El totalitarismo y todos los rostros de Herodes necesitan destruir toda esta potencia que la infancia trae consigo. Sembrar el terror es también dejarnos a oscuras, sin infancia y sin posibilidad de nuevos inicios.

Jorge también escribe:

“Todas las formas de totalitarismo, todos los rostros de Herodes tienen una cosa en común: ahogar el enigma ontológico de lo nuevo que vienen al mundo, ocultar la inquietud que produce todo nacimiento, eliminar la incertidumbre de un porvenir abierto e indefinido, someter la otredad de la infancia a la lógica implacable de nuestro mundo, convertir a los niños en la proyección de nuestros deseos, de nuestras ideas y de nuestros proyectos.”

De esta manera, dar la bienvenida a los que nacen significa a su vez acogerlos en la posibilidad de que el mundo tal y cómo lo conocemos se venga abajo, el mundo y nuestro mundo. Lo que hay y lo que somos. Hay que estar dispuestos a dejarse afectar.

Cuando un nacimiento deja indiferente, cuando no nos pasa nada, seguramente es que hemos sometido a ese nuevo ser a nuestra lógica, hemos aplastado la vida que traía consigo.

Somos responsables de que nuestros hijos puedan hacerse un hueco en nuestro mundo y puedan alzar su voz. Nuestros brazos son su acogida y su puerta de acceso al mundo.

Por esta y por muchas otras razones banales, celebramos la Navidad y montamos el Pesebre, porqué es divertido y porqué nos recuerda cada invierno el milagro de la infancia y todos los rostros de Herodes.

Celebramos el milagro de la Natalidad y recordamos la tarea que siempre está por hacer.

Así que sin más, os deseamos una Feliz Navidad, una hermosa Natalidad y que disfrutéis de su Milagro 😉

 

 

 

 

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