Los cuidados desagradables

Saco el título de este post del libro de Chantal de Truchis El despertar al mundo de tu bebé. El niño como protagonista de su desarrollo, así que, qué menos, que empezar citándola:

Cortar las uñas, limpiar la nariz, introducir un supositorio. Momentos de temor que ahora me hacen sonreír.

Cuántas familias viven con temor estos momentos, conozco hasta los que deciden cortar las uñas a sus bebés mientras duermen ¿pero esta solución es a largo plazo o solo anecdótica? Evidentemente a largo plazo no es y mucho menos es recomendable.

Prefiero apostar por buscar la forma en la que el bebé y niño pequeño pueda conocer y participar de sus propios cuidados, aunque estos no sean lo más agradable del mundo, aunque impliquen tomarse un jarabe asqueroso o que le miren los oídos en la consulta del pediatra. ¿Y las vacunas? ¿Es posible un comportamiento estoico de un niño pequeño al que van a pinchar? Sí, es posible.

La misma Chantal nos enmarca en dos soluciones contrarias a un mismo problema:

  1. Hacerlo rápidamente buscando que no se entere.
  2. Enseñarle el «objeto del delito» y prevenirle de lo que va a pasar (te va a doler, no te gustará…) y decirle que lo haremos «rápido y listos».

La primera solución, como comentaba, es anecdótica, nos puede valer en un momento dado pero no la podemos alargar en el tiempo. Si por ejemplo hay que darle un jarabe cada 6 u 8 horas ¿cómo vamos a sostener el engaño?

Ésta primera solución, en apariencia, nos puede resultar fácil, nos ahorramos enfrentarnos nosotros mismos a lo desagradable de la situación y a que esta se alargue más de lo que nos gustaría, pero a su vez podemos estar generando sentimientos de angustia y desconfianza en nuestros hijos. No saben lo que va a pasar, ni cómo ni cuando. Si le decimos que está bueno o que no duele cuando no es cierto, ¿no estamos traicionando su confianza? ¿Cómo vamos a ayudarlos así a gestionar estas situaciones de la vida que son inevitables?

La segunda solución pasa por confiar, hablarles y hacer gala de nuestra responsabilidad y autoridad materna y paterna, hacernos cargo de la situación. Debemos colocarnos en el lugar del adulto y decirles: esto va a doler, pero es importante que lo tomes por X, yo estoy aquí contigo, te voy a ayudar, y quizá como dice Chantal, «lo haremos rápido y listos, se acabó».

Me sentía menos pérfida, más alentadora y positiva, y adoraba la alegría compartida del «¡Se acabó!

Desde la segunda solución, estamos acompañando a nuestros hijos desde una relación de confianza, buscando su participación y su comprensión. esto no quiere decir que no llore o que no vaya a quejarse por esta situación que no le gusta, pero sí implica que poco a poco va a poder prever lo que va a ocurrir, sabe que su madre o su padre o el adulto que lo cuida está ahí, le confiere un marco de seguridad. Sabe lo que va a pasar, lo conoce o lo ha vivido de forma parecida y a su vez está sostenido por el adulto. De esta forma va a saberse competente, valorado, tendido en cuenta.

No es una criatura pasiva en manos del adulto, es un ser que se siente reconocido y comprendido. No se genera desconfianza ni angustia, no está en vilo sin saber lo que va a ocurrir, puede desarrollarse desde la confianza en el mundo y en aquellos que lo cuidan.

La participación del pequeño se hace cada vez más eficaz. […] Se siente más fuerte y menos a merced del otro. Ejerce cierto control de la situación, tiene algo que hacer… […] El niño prevenido y participativo puede recuperarse antes.

Lo mismo podemos aplicarlo a cortarles las uñas, lavarles el pelo o cualquier otra forma de cuidado que le resulte desagradable a nuestros hijos.

Las claves, como apunta Chantal, son tratarlos con cuidado, palabras suaves y explicarles siempre lo que va a suceder. Prevenirles (aunque pensemos que no comprenden sí lo hacen):

  • Anticipar verbalmente lo que va a pasar.
  • Explicar si le va a doler, dónde y si durará mucho o no.
  • Explicarles la razón. El por qué se le va a pinchar o porqué les lavamos el pelo.

Llegados a este punto, también es importante evitar tópicos como los de «no pasa nada» o «no llores». Sí pasa, claro que pasa y nosotros, sus madres y sus padres (sus abuelos, tías o cuidadores) no vamos a poder evitarles según que sentimientos y emociones, repetir «no pasa nada» como un mantra no va a hacer que pase mejor, solo estaremos provocando que nuestros hijos se puedan sentir incomprendidos y rechazados en lo que son y en lo que les está pasando.

Negándoles la expresión de su ser y por lo tanto negándoles el diálogo estaremos cerrando la posibilidad de comunicación, de confianza  en uno mismo y en el otro y el sentirse reconocido y valorado. Se imposibilita la construcción de un marco de seguridad para el desarrollo de la personalidad.

Todo esto se aplica también cuando vamos al médico, si el o ella no anticipan lo que va a ocurrir, tendremos que ser nosotras quienes lo hagamos, ya antes de entrar en la consulta y recordándoles a nuestros hijos que vamos a estar con ellos en todos momento.

No crea que su hijo dejará de llorar o de rechazar el tratamiento. Pero llegará a ser una persona que no se dejará paralizar por lo desconocido, lo inesperado, la aprensión; un ser capaz de manifestar activamente sus sentimientos de cólera, rechazo, miedo… u otros.

No podemos evitar su sufrimiento, pero podemos acompañarlos, sostenerlos y darles herramientas para hacer frente a estas situaciones que llamamos desagradables. En resumen, podemos acompañarlos ofreciendo medios y sostén para que realicen su propio camino. 


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¡Gracias!


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Romina Perez Toldi
Romina Perez Toldi
¡Hola! Soy Romina Perez Toldi, pedagoga especializada en primera infancia. Trabajo con familias y profesionales para una cultura de la infancia emancipada, un acompañamiento cuidadoso y unas relaciones de calidad desde las que todos podamos crecer en armonía y encontrar nuestro lugar en el mundo.

2 comentarios en “Los cuidados desagradables”

  1. ¿Y cuando los cuidados desagradables son además rutina? Me refiero a todo tipo de pruebas: ¿cómo le explicas a un bebé que tienen que sacarse sangre, ponerle una inyección, abrirle los ojos con pinzas o despertar de una sedación continuamente? Empieza a molestar un poco que los blogs de crianza y psicología se olviden de un gran grupo de niños que también existen. Pensaba que por una vez leería algo para Nosotras, las madres de niños con enfermedades. De entre cortar uñas, poner supositorios o una vacuna de calendario, ésta última nos duele más a nosotros que a ellos, y explicarlo tiene sentido cuando ese calendario va espaciandose en el tiempo. Agradecería un post dedicado a nosotras y al dolor que ignora hasta la sanidad pública: el de tener que sobrellevar algo así con una sonrisa en la cara para calmar. Uno dedicado a facilitar la vida de pequeños que llegan con pocas facilidades. Gracias

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    • Hola Irene, por lo que cuentas debéis estar pasando por una situación muy difícil. Ciertamente en el post hablo de las situaciones más comunes: vacunas, jarabes, fiebres, cortar uñas, etc. Igualmente, para un niño hospitalizado la premisa es la misma, siempre es la misma, la comunicación es básica en cualquier situación sea más o menos intensiva; anticipar lo que va a ocurrir, explicar cómo y por qué y acompañar las emociones y sentimientos que se derivan de esta situación. En realidad desde esta mirada pedagógica se cuida la comunicación especialmente tanto en bebés sanos como en bebés hospitalizados o con distintas necesidades especiales, piensa que Emmi Pikler se hizo cargo de un orfanato y entendió que buscar formas de comunicación efectiva era un pilar básico para el desarrollo del bebé en un marco seguro dónde además se pudiese sentir valorado y competente.

      Fuera de esto, me parece entender que la sanidad pública os está dando una respuesta impersonal y que quizá olvida la parte de los cuidados que no son puramente médicos. Tiene que ser muy duro tener a un hijo al que le hacen pruebas constantemente y tener que sobrellevar la situación como buenamente se pude. Me encantaría poder escribir sobre esto, pero creo que no soy la persona adecuada, no lo conozco lo suficiente, ni como madre ni como profesional. Solo puedo decirte que la base de la comunicación es la misma y sobre todo que espero que esta situación pase pronto y podáis volver a preocuparos solo por uñas y vacunas.

      Un abrazo con mucho cariño y gracias por escribir,
      Romina

      Responder

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