Ya lo he sentado ¿Ahora qué?

¿Se puede volver atrás? ¿Se puede reparar lo ya hecho? ¿Ahora qué hago? Por desconocimiento, por falta de información o porqué en su momento nos pasó por alto o no le dimos importancia. Los motivos pueden ser variados. Ahora lo vemos de otra manera, hemos reparado en el «movimiento libre» y resulta que ya hemos sentado a nuestro bebé ¿Qué hacemos?

En Movimiento libre y actividad autónoma ¿Qué implican? Ya apuntamos la importancia de no colocar al bebé en posturas que no a alcanzado por sí mismo y pudimos ver cómo un bebé que tiene oportunidad de moverse en libertad, llega a sentarse después de gatear por una cuestión madurativa.

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Diferentes formas de sentarse representadas en el libro «Moverse en libertad» de Emmi Pikler
Antes de nada

Lo más importante es no fustigarse. Sobre todo a las madres parece que nos regalen el «sentimiento de culpa» con el libro de familia. Hay mil cosas que podríamos hacer mejor, de eso no hay duda ni se salva nadie, pero céntranos en ese aspecto seguramente nos dejará con un sentimiento de angustia e incapacidad que no lleva a ninguna parte.

El movimiento libre no trata del movimiento solo por el movimiento en sí, son muchos los motivos y las potencias que convergen desde ésta idea, así que aún habiéndole dado la mano para caminar, siempre estamos a tiempo de cambiar la mirada y establecer otras dinámicas con nuestros hijos e hijas que promuevan la autonomía, el poder de decisión y la consciencia de uno y del medio en una relación de amor y respeto a lo que se son y a lo que somos. Sin presiones ni exigencias.

Acondicionar el espacio

Vamos a preparar un espacio en el suelo acogedor, agradable y relajado que favorezca el movimiento. Evitaremos gimnasios que centran la atención en los juguetes colgantes y descentran del propio cuerpo y del movimiento en sí. De igual manera evitaremos dejar a su disposición materiales hiper estimulantes.

Dejaremos algunos pocos materiales a su alcance en el suelo. No colocaremos materiales o juguetes en sus manos, simplemente los dejaremos al alcance. Tampoco los pondremos lejos esperando estimular el movimiento.

Evitaremos también hamaquitas, maxi cosis y asientos por el estilo que limiten el movimiento y no dan espacio para la libre expresión de este, así como establecen dinámicas de dependencia con el adulto.

Podéis encontrar más información sobre este punto en Movimiento libre y vida cotidiana.

¿Por dónde empiezo?

Volveremos al suelo. Cuando nos dispongamos a dejar a nuestro hijo/a en el suelo para jugar, ya no lo sentaremos, lo colocaremos en posición boca arriba.

Es importante en este punto el acompañamiento del adulto. Al principio nos quedaremos con él y antes de ir al suelo verbalizaremos la nueva situación. Le podremos decir algo así (cada cuál que se exprese con sus palabras): «Te voy a dejar en el suelo estirado porqué creo que así estarás bien y desde esta posición podrás moverte como prefieras o quedarte en este lugar.»

Podemos también estirarnos con él o cantarle alguna canción que le guste, hacerle unas carantoñas… cualquier cosa que asocie como agradable y parte de una relación armoniosa.

Lo colocaremos en esta nueva posición siempre que esté tranquilo. Evitaremos hacerlo cuando tenga hambre, sueño o esté molesto. No queremos que lo asocie a un momento de malestar. Primero colmaremos este tipo de necesidades para que pueda estar tranquilo.

A medida que se vaya concentrando en sí mismo, en los materiales a su disposición o en el entorno, le iremos dando más espacio. Poco a poco y sin apresurar los tiempos haremos un acompañamiento simplemente presencial y seguiremos con una actitud de disponibilidad.

En el momento en el que lo veamos incómodo podemos cogerlo en brazos.

¿Y si no quiere estar boca arriba?

Cómo no me cansaré de repetir, la autonomía no es una obligación. Un bebé que ha sido sentado se reconoce en esta posición, a sí mismo y a su entorno. Seguramente ha realizado todo un proceso de aprendizaje y acomodación en esta postura, esto es algo importante para él y hay que tenerlo muy en cuenta.

No vamos a dejar de sentarlo si pide esta posición, pero vamos a evitar ofrecérsela cómo primera opción y dentro de lo posible. Un niño/a que ya ha sido sentado puede vivir con angustia o frustración que dejen de hacerlo y no se trata de eso. El movimiento debe darse por el propio placer y alegría de todo lo que comporta este movimiento.

Se trata de ir cambiando poco a poco las dinámicas establecidas y dar la oportunidad para otras formas de movimiento y expresión, no queremos que viva esta situación de forma negativa.

¿Y luego qué?

Podemos encontrar diferentes respuestas: que acepte enseguida esta postura y desde ahí desarrolle otros movimientos, podemos encontrar que pase tiempo tranquilamente boca arriba sin demasiado movimiento hasta que un día se lance, y también podemos encontrarnos que rechace de todas todas esta nueva posición de inicio.

Cómo digo ni el movimiento ni la actividad autónoma son una obligación, deben plantearse cómo una mirada hacia el bebé y una oportunidad que les brindamos.

Se trata de ir rompiendo con según qué dinámicas, de tomar consciencia y de hacer un acompañamiento diferente, con menos intervención y dando más espacio y tiempo para el movimiento y esta forma de expresión.

En palabras de Emmi Pikler:

«Un bebé aprende mucho de un adulto y a través de él, pero también ha de descubrir muchas cosas por sí mismo, ha de hacer su propia tarea cómo bebé»

Siempre estamos a tiempo de algo diferente. Ningún niño ha explotado todavía por haber sido sentado. Es cierto que pueden ser muchos y variados los perjuicios por haber sido sentado o no haber gateado en cuadrupedia (consecuencia muchas veces de este sentar a los bebés prematuramente), pero también es cierto que siempre estamos a tiempo de emprender nuevos caminos, miradas y formas de relación con nuestros hijos.

Emmi Pikler escribió:

«Cuidar a un bebé es una tarea realmente difícil. Cada día se aprenden cosas nuevas, cada día significa una nueva vivencia, al final del día pensamos en todo lo que hemos hecho, cómo podríamos haberlo hecho mejor. Es difícil hacerlo perfecto… cometemos muchos errores… siempre se puede hacer mejor.»

Y este «hacerse mejor» debe pensarse cómo potencia y no cómo limitación.

Romina Perez Toldi
Pedagoga especializada en primera infancia 0–3. Profesora asociada en la UB y doctoranda. Trabajo con escuelas, profesionales y familias, y observo, reflexiono e investigo sobre infancia y mediación adulta.

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