Bueno, en realidad no te voy a decir que no te enfades, no quiero entrar en ese discurso en el que parece que nos pueda resbalar todo (todo està en ti) y que enfadarse no sea algo lícito y necesario que nos ayuda a poner nuestros propios límites o nos moviliza por la justicia social.

No me refiero a ese tipo de enfado, cuando en el título escribo «no te enfades» me refiero a ese enfado con bebés, niños y niñas que es medio postado (hay que enfadarse para que comprenda) medio por incomprensión o frustración (se lo he dicho mil veces y no me hace caso).

Una vez me contaba una madre en una de las formaciones sobre límites, que cada vez que su hija le pedía un helado y ella le decía que no, la niña acababa tirada por el suelo, gritando y pataleando (¿os suena?). Yo le preguntaba qué cómo acompañaba ella esta situación, que le decía, cómo se lo decía, qué hacía, qué pensaba… La cosa es que esta madre, a la que no juzgo, se enfadaba cada vez que esto sucedía. Se enfadaba sin gritos ni malas palabras, pero se enfadaba como parte de la «lección» o del límite que ponía a su hija, para que comprendiese.

Cuando hablamos de una niña de dos años creo que cualquiera puede más o menos comprender que pida un helado, sobre todo en épocas de calor, y también podemos entender a esta madre que le dijese que no y velase por la salud de su hija no dándole helado cada vez que lo pide. El tema és ¿es necesario enfadarse con esta niña porque pide un helado? ¿Es necesario adornar el no con un enfado cada vez que pide un helado?

Muchas veces el enfado del adulto es peor para el infante que el propio no o el propio límite. Al poner un límite el infante no debe ver el afecto del adulto en peligro, a través del enfado se pone este afecto en juego y esto afecta al infante profundamente. El infante se siente rechazado, incomprendido, y eso hace que su reacción pueda verse más desbardada que con un simple: entiendo que te apetezca un helado, pero no te lo compraré ahora o lo comparemos X día o no comemos helados si es el caso. Todo esto, expresado de forma natural, honesta y desde el cariño.

Este «tipo» de enfado, lo he visto tanto desde la família como desde el ámbito profesional, a veces esperamos que bebés niños y niñas nos respondan de inmediato a nuestras peticiones o hasta que comprendan que «no es bueno» comer helado todos los días. Pero en estas primeras edades, se puede confiar en el adulto y aceptar que si te dice que no será por algo (porque te quiere y cuidad de ti) pero autorregularse, eso es más complicado, sobre todo cuando hay un adulto enfadado que no es capaz de sostenerte en esos momentos más difíciles.

Así que enfádate, claro, pero valora bien cuando o si realmente ayuda en la educación de bebés, niños y niñas.

Y si quieres seguir por este camino de comprensión y relación con la infancia, te invito a seguir este enlace.

Romina Perez Toldi, pedagoga especializada en primera infancia y profesora en el departamento de didáctica y organización educativa de la Universidad de Barcelona.

Romina Perez Toldi
Pedagoga especializada en primera infancia 0–3. Profesora asociada en la UB y doctoranda. Trabajo con escuelas, profesionales y familias, y observo, reflexiono e investigo sobre infancia y mediación adulta.

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