No puedo hacerlo por ti. Sobre los logros y las frustraciones.

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Muchas veces digo eso de que la autonomía no es obligatoria y que por lo tanto no vale la pena “exhortar” a nuestros hijos a hacer por sí mismos algo que no quieren hacer. Cosa que esto no es contradictorio con la idea de que a veces quizá si valga la pena no hacer por ellos eso que sí se han propuesto hacer (teniendo en cuenta siempre el momento madurativo y de desarrollo, claro). Parezco Groucho Marx 😉

En resumen: me parece importante la distinción entre exhortar a hacer algo que no quieren hacer y hacer algo por ellos.

Aunque ya digo que la línea es fina, poco clara y  al final nos toca a nosotros, sus madres y padres, hacer esa valoración. No hay recetas para esto, no hay una respuesta única y muchas veces nos equivocaremos, la maternidad y la paternidad, creo, también van de asumir estas cosas y tomar decisiones igualmente.

Hoy simplemente os voy a contar lo que pasó hace un par de noches. No lo doy como ejemplo a seguir sino como base para la reflexión. Muchas veces me preguntáis por estas cosas.

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Lactancia, tetas y pornografía

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Desde que nació mi hija hace poco más de 3 años mi imagen se ha transformado completamente, ahora soy una mujer que da el pecho, muchas veces al día, en público y en privado.

Difícilmente, nadie que me haya conocido estos últimos 3 años no va a tener una imagen de mí con la teta fuera. A las mujeres que damos el pecho a demanda y durante mucho tiempo (no solo a recién nacidos) no pasa esto, que todo el mundo nos ve las tetas.

Desde hace 3 años, como a otras tantas mujeres, me ha tocado hacer caso omiso a todas esas miradas, voces, palabras y gestos que asocian dar el pecho en público como algo pornográfico, obsceno y/o feo (por no decir otras barbaridades). Como si nos sacásemos las tetas por provocar, por llamar la atención y hasta por molestar. Como si en ningún caso hubiese un niño o una niña reclamando esa teta y prendidos de ella. Me tengo que enfrentar a diario con miradas extrañas, sobretodo a medida que mi hija ha ido creciendo (como lo hago por provocar).

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El miedo a la escuela

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Hasta el momento todo lo que he escrito aquí me ha resultado relativamente sencillo, le he echado horas y trabajo pero me comprometía hasta cierto punto. Creo que ha llegado el día de ese post “jodido” que no sabes ni como abordar.

Muchos ya sabréis que hace unos meses hicimos la prescripción para P3 de nuestra hija. Sin más dilación voy ha decir que nos equivocamos. ¡Bien! ¡Lo dije! La cagamos  (me haré unos tachones de esos típicos de los blogs).

Creo que nos dejamos arrastrar por el miedo a la escuela y no por amor a la escuela. Nos movimos por fobias y no por filias, y eso provocó, además, que olvidase un montón de años de formación. Y con formación no me refiero a un título de Pedagoga y un par de másters en Educación, me refiero a todo lo que he leído con pasión, todo lo que he trabajado durante años y todo aquello en lo que creía. El miedo me pudo.

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¿Periodo de adaptación? Ejem.

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Hace unos años escribí una líneas tituladas El niño abandonado. Mucha gente me dijo que quizá era demasiado dura. Pues quizá lo sea o quizá no. Aquellas líneas eran fruto de mi trabajo durante años en Jardines de Infancia. Decían así:

Hay muchas maneras de quedarse abandonado en un colegio, puede ser quieto y callado, puede ser arrancando todo lo que encuentras al paso, ya sean otros niños o juguetes, puede ser en un llanto literalmente desconsolado, de 9 a 17. Y otras veces hay un niño que grita: ¡¿Por qué te vas?! ¡¿Por qué no puedo venir contigo?! Y no hay explicación que quepa o que valga, de nadie. Ante un grito así, cualquier justificación sólo puede ser mentira. El grito, pegado al cristal de la puerta viendo como su madre se aleja, sigue siendo el mismo: ¡¿Por qué te vas?! ¡¿Por qué no puedo venir contigo?! Un grito que pide una respuesta y que reclama no ser abandonado. Y para responder a un grito así haría falta una revolución.

Tan duras como suenan mis palabras han sido las “adaptaciones” de muchísimos niños y niñas. Quise formar parte de esa revolución que pedía el grito del niño abandonado, así que ya antes de ser madre tenía claro que no dejaría a mi hija llorando en la escuela, que haría todo lo posible para que eso no sucediese.

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Habitar el seno materno (piel con piel).

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Fotografía de Eve Arnold

Esta vez quisiera abordar las razones por las que parte parte de mi trabajo, como pedagoga y acompañante en la maternidad y la crianza, es la promoción de la Crianza en Brazos y la Lactancia Materna, así como lo que entendemos que es un bebé/niño y lo que necesita, ya sea desde el Porteo Ergonómico, el Movimiento Libre o las relaciones que se establecen dentro de la familia .

Esto no quiere decir que no comprenda las circunstancias y los motivos por los que muchas madres y familias deciden optar por otras formas de crianza o las razones circunstanciales que han podido impedir llevar a cabo una u otra cosa, no entro a valorar las vicisitudes personales, pero creo igualmente importante dar a conocer también las necesidades del bebé humano desde un punto de vista más biológico y fisiológico. Luego cada familia que decida cómo criar a sus hijos.

La cría humana

Desde el paradigma actual (conjunto de ideas y preceptos arraigados en una cultura) tendemos a creer que las crías humanas son seres completamente indefensos y, aunque es cierto que nacemos muy inmaduros, los bebés no son seres completamente incapaces. La cría humana tiene la capacidad de mamar, está programada para mamar, solo necesita estar en el lugar adecuado para poder accionar esta capacidad, necesita estar en su habitat. Y ¿cuál es el habitat de la cría humana? El cuerpo de la madre.

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