Lactancia, tetas y pornografía

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Desde que nació mi hija hace poco más de 3 años mi imagen se ha transformado completamente, ahora soy una mujer que da el pecho, muchas veces al día, en público y en privado.

Difícilmente, nadie que me haya conocido estos últimos 3 años no va a tener una imagen de mí con la teta fuera. A las mujeres que damos el pecho a demanda y durante mucho tiempo (no solo a recién nacidos) no pasa esto, que todo el mundo nos ve las tetas.

Desde hace 3 años, como a otras tantas mujeres, me ha tocado hacer caso omiso a todas esas miradas, voces, palabras y gestos que asocian dar el pecho en público como algo pornográfico, obsceno y/o feo (por no decir otras barbaridades). Como si nos sacásemos las tetas por provocar, por llamar la atención y hasta por molestar. Como si en ningún caso hubiese un niño o una niña reclamando esa teta y prendidos de ella. Me tengo que enfrentar a diario con miradas extrañas, sobretodo a medida que mi hija ha ido creciendo (como lo hago por provocar).

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El bebé que vive envuelto

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El bebé que vive envuelto, vive pegado a un cuerpo que le late al oído. Es un cuerpo que es su cuerpo, es un cuerpo que habla, le habla. Un cuerpo mullido y líquido, firme y fuerte, envolvente y cálido. El cuerpo primigenio.

Al bebé que vive envuelto nada le es negado, vive colmado, escuchado, amado.

Al bebé que vive envuelto muchas voces lo acompañan, muchas miradas lo enternecen.

El bebé que vive envuelto es a veces desenvuelto, entonces se estira y su cuerpo es solo uno. Puede rodar, sentirse extraño y apasionado. De su cuerpo nacen impulsos de vida y movimiento.

El bebé que vive envuelto conoce cada vez más brazos. Existe otro cuerpo entre el suyo y del que es nacido. De ese otro cuerpo no emana el líquido que todo lo colma, pero le habla con una voz grave que también guarda en algún lugar de la memoria. Lo mece. Le gusta su cara, lo huele en la cama, se siente tranquilo.

El bebé que vive envuelto a veces llora y a veces canta. La vida lo empuja y lo arropa.

Al bebé que vive envuelto en telas y tetas, nada le falta. La vida es un regalo.

¡Nos estamos colgando!

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Se nos han juntado unas cuantas cosas en lo profesional y en lo familiar. Teta-à-Porter es un proyecto que nace para acompañar en la maternidad y en la vida familiar, así que si descuidase la propia perdería todo el sentido. También nació de la necesidad de una conciliación real entre mi faceta profesional y el cuidado de mi hija y mi familia. No pienso enloquecer en el intento y lo pongo en práctica aunque requiera un poco de cuelgue 😉

Por otro lado, siempre he procurado ofrecer contenidos de calidad en lo que escribo y eso requiere de tiempo y espacio mental. Este mes de Marzo viene muy apretado con Semana Santa incluida, así que prefiero actuar con honestidad y en consecuencia y colgarme con el blog este el mes de marzo.

¡Volvemos en Abril!
El resto de servicios, asesorías y talleres siguen activos con normalidad.

¡Muchas gracias por estar ahí y por la comprensión!

A mi hija le gustan los vestidos largos

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Hace unas semanas asistimos a una actividad de cuenta cuentos. Pensé que iba a ser algo más inocente. La historia era el relato “actualizado” de la princesa del garbanzo. Aquella princesa que sobre una montaña inmensa de colchones se siente incómoda por un garbanzo puesto en la parte de abajo de la pila.

En la “actualización” del cuento había un montón de chicas con el pelo largo, vestidos largos, cursis, superficiales y tontas. Ninguna era capaz de notar el garbanzo así que no podían casarse con el príncipe. Solo le faltaba por probar a una chica con el pelo corto, gafas, pantalones y muy inteligente. Ella sí notaba el garbanzo y la madre del príncipe le ofrecía matrimonio, pero ella no quería casarse y prefería montar un negocio de colchones y conocer mundo. Era una mujer independiente, fuerte, emprendedora e inteligente. El príncipe hace lo mismo y se va de viaje. ¿En serio?

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