Busco una escuela dónde mi hija no vea su vida interrumpida

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Cada vez hay más familias que buscan escuelas “alternativas” a la escuela ordinaria. ¿Qué ocurre?

Hace un tiempo que nos planteábamos si llevar un Greta a la escuela una vez la viésemos madura, ahora pensamos que sí. Pero la búsqueda es complicada. El haber trabajado de maestra y toda la formación pedagógica que viene conmigo no lo pone fácil. Inevitablemente miro con lupa espacios y discursos escolares. Así que hoy quiero hablar de algo que atraviesa la escuela ordinaria y que hace que muchas familias, cada vez más, busquen alternativas a este tipo de escuela. Quiero hablar de algo que casi nunca se nombra cuando hablamos de la escuela y que me parece fundamental (por importante y porqué la funda). Hoy quiero hablar de las interrupciones y la vida.

Carlos Skliar, pedagogo y poeta, en La infancia, la niñez, las Interrupciones , se pregunta ” si educar a la infancia también tendrá que ver con no interrumpirla “. Si tendrá que ver con no interrumpir su cuerpo, ni su tiempo, ni su ficción, ni su lenguaje . Dejar de adultizar niños y niñas y dejar de interrumpir infancias.

También en otro texto, La futilidad de la Explicación, la lección del poeta y los laberintos De Una pedagogía pesimista, Carlos escribe:

Hubo un momento, imposible de descifrar en el enmarañado del tiempo escolarizado. El que en la vida -nuestra vida, la vida de ellos y de ellas, la vida de los otros- escapó con sigilo de la escuela. Ignorada, traicionada y transformada en simulacro, la vida salió de la escuela. Nadie lo percibió. Y nadie parece haber reclamado absolutamente nada “.

No hay más poderosa interrupción que la interrupción de la vida , y en la escuela, esa escuela ordinaria, la interrupción de la vida se da en forma de un incesante goteo de pequeñas interrupciones.

Se interrumpen los gestos, el movimiento, las palabras, los juegos, las expresiones, los tiempos, los espacios, las ficciones, el lenguaje, se interrumpe el aprendizaje mismo . No se deja nada fuera de control. Nada fuera del contenido educativo, nada fuera del objetivo edcativo. Así, despacito, la vida escapa de la escuela.

Hay que encontrar la salida. Nuestra salida. Aprender a dejar en paz. Atender de otro modo, en otra forma. Detenerse con ellos. Y en la esa voluntad de no interrumpir la infancia realizar el gesto de detenerse. No solo para no interrumpir, sino para hacer durar la infancia todo el tiempo posible.

Detener y distender . Es su tiempo, su espacio, su ritmo, su momento.

Busco una escuela donde mi hija, en ese acceso al espacio público, no sienta su vida interrumpida.

Tiene solo 2 años, no le hace falta nada más que vivir, los niños son de este mundo y de este mundo quieren aprender y aprenden. Quiero una escuela donde la infancia sea bienvenida, con todo lo que trae consigo la infancia, de imprevisible, de incontrolable, de incertidumbre. Quiero una escuela donde el tiempo y el espacio se detengan en la voluntad de albergar el milagro que trae consigo cada nuevo nacimiento, cada nueva infancia. Esa radical novedad de la que habla Hannah Arendt, dónde todo lo que es posible puede suceder.

Quiero una escuela como la que desean cada vez más familias. Eso me da esperanza.

También Dominique Sampiero, otro profesor y poeta, escribía sobre esa escuela ordinaria en El tiempo cautivo : ” No has sido nunca ni laica ni democrática. Tus discursos disfrazan tu gheto: tus teorías esconden tus neurosis. Te odio por eso, por ser por incapaz de mirarte de frente. Tu decadencia está cantada. Estamos a las puertas. Ya lo sabes. “

Pues eso, ya lo sabes, busco una escuela donde mi hija no vea su vida interrumpida. Dónde los hijos de nadie (los de todos) no vean su vida interrumpida.

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