No le enseñes nada antes de los 3 años

Hace poco publiqué las Reglas de Oro de Chantal de Truchis que sentarán las bases, en el bebé, de la confianza en sí mismo. Los dos primeros puntos creo que quedan más claros, si no es así podeís leer Movimiento Libre y Actividad Autónoma ¿Qué implican? y Movimiento Libre y Vida Cotidiana ¿Por dónde empiezo?

El tercer y cuarto punto, sobre todo el de no le enseñe nada hasta los dos años y medio o los 3 años parece que es más confuso y algunas lectoras me han pedido si lo podía aclarar. Así que aquí voy 🙂

Para dar un poco de luz es importante empezar señalando que los 4 puntos que expone Chantal de Truchis en el Libro El despertar al mundo de su bebé tiene que ver esencialmente con la actividad autónoma y el sentimiento de competencia, pilares básicos de la Pedagogía Pikleriana. Vale la pena leer Autonomía y falsa autonomía para comprender los matices que marcan la diferencia.

Desde esta idea se entiende que los niños pequeños (digamos lo que se conoce comúnmente como primera infancia y/o 0-3) necesitan realizar por sí mismos toda una serie de exploraciones, experiencias y aprendizajes que de otra manera, si se ven excesivamente conducidos y guiados, pueden llevar más a un sentimiento de dependencia y e inseguridad que al aprendizaje. Evidentemente es un rango de edad aproximada y sera responsabilidad nuestra valorar cada caso particular.

Recordemos que el 0-3 es una etapa de la vida muy sensible dónde se van a colocar los cimientos de los futuros aprendizajes, relaciones y personalidad.

Durante esta etapa sensible la mayor parte de los aprendizajes se realizan de forma espontánea y autónoma, hasta aquellos que tiene que ver con la transmisión cultural (como coger el tenedor o saludar a amigos y vecinos) se aprenden por imitación y cuando se enmarca al bebé en un contexto sociocultural donde se siente seguro y partícipe.

Un bebé que se siente querido, alegre y bien sostenido, realizará por si mismo todos aquellos aprendizajes que necesita en esta temprana edad, como ya dije en ¿Y cuándo piden ayuda? Yo lo hago así  llegará el momento de las enseñanzas y la transmisión del conocimiento, pero no consideramos que deba trabajarse en esta etapa temprana.

No enseñar ¿el qué?

Cuando hablamos de no enseñar ni mostrar nos referimos básicamente a, pongo algunos ejemplos,  no enseñar a hacer torres, no enseñar cómo se coge el tenedor, no mostrar cómo desaparece una moneda en la ranura, no mostrar cómo se hace un puzzle, no jugar a esconderse y desaparecer, no enseñar cómo se tira una pelota, no enseñar qué ocurre si apretase ese botón, no enseñar a mover la mano para saludar, no hacer repetir aquella canción y sus gestos, no hacer repetir aquella palabra difícil de pronunciar, no hacer repetir aquella palabra que nos gusta y nos hace gracia, no hacer repetir aquel baile a las visitas, no hacer que repita esa canción que casi se sabe, etc.

No enseñar a jugar, no enseñar a usar herramientas, no hacer repetir para que aprenda, no enseñar cómo se muestran los fenómenos físicos, no corregir, no enseñar la solución, no resolver por ellos y evidentemente no enseñar a moverse. No enseñar nada que pueda aprender por sí mismo, nada que lo saque de aquello que realmente le interesa, del lugar dónde está y en el que se está desarrollando.

¿Qué ocurre cuándo enseñas a un niño a hacer una torre?

Vamos al ejemplo clásico. No sentamos al lado de nuestros hijos, cogemos unos cubos y hacemos una torre. ¿Qué acostumbra a pasar? La tira, el bebé tira la torre. ¿Qué más podía hacer? Nada.

A esto se le suma que es probable que este niño nos pida una y otra vez que repitamos la torre, ¿qué más puede hacer? nada. Lo hemos convertido en un sujeto pasivo. Ya no es un sujeto activo experimentando con unos cubos en la medida de sus capacidades. Es un bebé jugando desde su incapacidad, dependiente de un adulto que seguramente en breve se aburrirá de hacer torres y le pedirá que vuelva a jugar ¿a qué? Ahora es un sujeto pasivo, incapaz. Fácilmente le seguirá pidiendo que juegue con él, que realice todo aquello que él no puede.

Enseñarle a un bebé cómo se hace una torre es, sin quererlo, enseñarle aquello que no puede hacer por sí mismo, aquello “tan divertido” que solo puede hacer contigo y además, perderse todo aquello que sí podría hacer con esos mismos cubos. ¿Llegará por sí mismo a hacer una torre? Seguramente sí, pero ni de la forma que tú esperas ni el día que en algún esquema del desarrollo se tenía escrito. Hay que estar preparado hasta para que esa torre no se produzca hasta al cabo de los años.

Chantal de Truchis lo tiene claro y lo sintetiza de forma muy acertada:

Vive entonces la experiencia de que existen cosas difíciles y fuera de su alcance. Obviamente, esta toma de conciencia debe hacerse, pero no tan pronto: en primer lugar ha de construirse una buena base de confianza en sí mismo para afrontar la realidad sin riesgo de desanimarse.

Aumentar la confianza en sí mismo

Por contra, para aumentar la confianza en sí mismo y el placer de ser sí mismo, como dice Chantal, hace falta confiar en la capacidad de la primera infancia, en su capacidad de descubrimiento, de aprendizaje, de desarrollo, necesita plantearse los propios retos y enfrentarse a encontrar sus propias soluciones o dejar la tarea para otro momento (autoregularse).

Su familia y otros cuidadores tenemos que comprender que hay un factor importantísimo que es la madurez, están madurando y eso necesita un tiempo que no conocemos ni tu ni yo.

Es importante estar ahí, acompañando a nuestros hijos, poniendo los medios y sosteniéndolos en sus alegrías y sus frustraciones (sin juicios), necesitan saber que tienen  nuestro apoyo, pero si realizamos por ellos las tareas que pueden realizar por sí mismos, no solo el aprendizaje será distinto, los estamos incapacitando.

No dejes de conocerlo, de observar sus procesos, de apoyarlo. No dejes de leer, conversar e informarte. Trabaja tu propia mirada. Dale los materiales, dale el espacio, dale el tiempo, dale la confianza.

Entonces él podrá hacer su propia tarea y crecerá sabiendo que es sujeto activo de su propia vida.


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¡Gracias!

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