Movimiento Libre y Porteo Ergonómico. Resolviendo la controversia entre la autonomía y el apego primario al cuerpo de la madre.

Ésta serie de 4 artículos de enfoque multidisciplinar nace de la necesidad de querer abordar de una vez por todas la pertinencia y compatibilidad de la práctica del Porteo Ergonómico junto con la práctica del Movimiento Libre. Las 4 profesionales que conforman ésta serie pensamos, dados nuestros conocimientos, que el Porteo Ergonómico y Seguro es una herramienta maravillosa que permite dar respuesta a las necesidades más primarias de los bebés y que se complementa perfectamente con la práctica del Movimiento Libre sin generar ningún tipo de interferencia, ya sea en su desarrollo fisiológico como en el desarrollo de su autonomía. Más bien concebimos el Porteo Ergonómico como parte de un conjunto de prácticas de crianza que fomentan el desarrollo armónico de la personalidad. En todo momento apoyamos la práctica de Movimiento Libre y la Actividad Autónoma, simplemente vamos a dar un enfoque nuevo e integrador en coherencia a la comprensión de la demanda que hace el bebé del cuerpo de su madre principalmente.

Los 3 artículos anteriores y muy recomendables, son:

Relación entre la Pedagogía Pikler, el Porteo Ergonómico y la Pedagogía Montessori de Bei de Tigriteando

Pikler, Porteo y Piscomotricidad de Verónica de El Gynko Mágico

Movimiento Libre y Porteo: portear en vertical no interfiere de Elena López de De Monitos y Risas


USA. New York City. 1996. Maternity Center Association.
Eli Reed. USA. New York City. 1996. Maternity Center Association.

Cada vez hay más familias interesadas en el Movimiento libre, son familias que normalmente llegan a esta mirada sobre la educación, la crianza y el aprendizaje (la pedagogía y sus métodos) buscando dar respuesta a las necesidades de sus hijos y hacía formas de comunicación atentas, respetuosas y eficaces. A sus vez, son familias que en esta búsqueda se dan cuenta de que los bebés piden muchos brazos, muchos.

Parte de mi trabajo consiste en esto, mirar de integrar los conocimientos de Pikler-Loczy en el seno familiar. Muchos se preguntarán ¿hace falta esta integración? ¿Los bebés no son los mismos en casa que en una institución/escuela? Sí, diré yo, los bebés son los mismos pero la forma en la que se expresan no.

Desde los trabajos e investigaciones de base pikleriana se ha hecho y se está haciendo un trabajo de gran potencia educativa, un trabajo cuidadoso y que contempla la primera infancia desde la confianza en en el despliegue de sus capacidades y potencias cuando se dan las condiciones pertinentes. En ningún caso pretendo poner en cuestión la globalidad de esta pedagogía a la que admiro y con la que trabajo apasionadamente, pero este respeto a su trabajo no me hace menos crítica, quizá más a medida que profundizo en su desarrollo epistemológico.

Lo que me gustaría resolver aquí es la controversia entre la autonomía y el apego desde un nuevo enfoque pikleriano, que contemple la necesidad del cuerpo materno en el el bebé humano y a su vez, cómo el porteo ergonómico puede ser una herramienta integrada en este proceso de forma que apoye la autonomía y la fisiológía del bebé y del recién nacido.

¿Cómo valoramos entonces la cuestión de la autonomía en relación a la necesidad de apego y el porteo ergonómico como herramienta?

Voy a empezar hablando de la cuestión de la autonomía como concepto y sus implicaciones en el desarrollo de la personalidad. Seguidamente hablaré de la necesidad apego en el bebé humano como una necesidad primaria y elemental que no puede ser eludida. Una vez introducidos estos dos conceptos abordaremos la controversia desde algunos de los argumentos que la rodean y desmontando algunos de los prejuicios que se arrastran, tanto para las relaciones de apego entre madre y bebé como para el porteo ergonómico como herramienta facilitadora, nos preguntaremos cuál es la primera posición del bebé ¿boca arriba o sobre el cuerpo de la madre? y, por último expondré las conclusiones mirando de resolver dicha controversia.

La cuestión de la autonomía

El trabajo que realizó Emmi Pikler en la casa cuna de la calle Loczy pretendía ofrecer a los bebés y niños pequeños los momentos indispensables de una atención privilegiada a través de los cuidados cotidianos y que éstos sirviesen de vehículo para poder establecer unos vínculos sólidos que previniesen de los síntomas del hospitalismo.

De Pikler-Loczy lo más conocido suele ser el Movimiento Libre, que consiste en no colocar al bebé y niño pequeño en ninguna posición a la que no haya llegado por sí mismo, dejando que se desarrolle en un proceso psicomotor autónomo y sin intervenciones (esto muy resumido). Lo que se conoce menos es que el Movimiento Libre, en sentido estricto, no tiene un fin en sí mismo ni se trabaja para que los niños se muevan más y mejor, eso es más una consecuencia que un objetivo principal.

El objetivo sobre el que se trabaja es el ofrecer a los niños unas relaciones afectivas y unos cuidados cotidianos de calidad desde las que puedan desarrollar una personalidad armónica y equilibrada, así como un sentimiento de competencia sólido, y esto pasa por la confianza en sus capacidades (como la de movimiento) y el respeto a su capacidad/potencia de autonomía. Como acostumbra a decir Myrtha Chokler, fonoaudióloga y especialista en desarrollo infantil y acompañamiento temprano, el Movimiento Libre forma parte de una compresión ética y epistemológica de la infancia.

Es importante no olvidar que autonomía significa etimológicamente “autogobierno” y que, como ya hemos apuntado en otras ocasiones (aquí), no es posible la autonomía sin voluntad. De esta forma, podremos entender que apoyar el desarrollo de la autonomía implica establecer unos vínculos y un tipo de comunicación efectiva donde el bebé/niño pueda saberse partícipe de sí mismo, generando así un sentimiento de competencia.

El hábitat del recién nacido y la necesidad de apego

Desde la biología, se entiende que cualquier organismo necesita de unas condiciones especiales para sobrevivir. Una de esas condiciones es el hábitat como lugar físico y, otra condición, es el nicho como el conjunto de comportamientos apropiados que conducen al desarrollo y a la vida, pero para que se puedan dar toda esta serie de comportamientos apropiados hace falta estar en el hábitat adecuado. En la cría humana, el hábitat adecuado para su desarrollo es el cuerpo de la madre, y el nicho, se representa en la acción de mamar. Nils Bergman, especialista en neurociencia perinatal y cuidados madre canguro, lleva años de investigación en este sentido y en una de sus conferencias, dice:

Uno de los comportamientos esenciales para la supervivencia del pequeño mamífero es la lactancia. El recién nacido, incluido el humano recién nacido, no necesita más que estar en el lugar adecuado para poder mamar correctamente: apegado al pecho de su madre. Cuando mama, el recién nacido respira mejor, se alimenta mejor y está protegido. La lactancia satisface todas las necesidades fundamentales de la pequeña criatura de manera óptima

Obviamente, no en todas las partes del mundo sigue siendo necesario que el bebé esté en constante contacto con el cuerpo de su madre para que sobreviva (aunque eso el bebé no lo sabe y de ahí su demanda), pero de la misma manera tampoco hace falta que gatee para que llegue a caminar ¿Entonces, de qué hablamos? ¿A qué damos valor?

En esta misma dirección apunta también Éva Kálló, pedagoga y pilar discursivo fundamental de PIkler-Loczy,  en su último artículo publicado de forma póstuma y titulado Sobre la cuestión de los cuidados y la educación, una vez más, escribe al inicio sobre el hecho de que numerosos investigadores consideran los primeros meses como un periodo crítico en el desarrollo del apego primario del bebé y, haciendo referencia a la obra de Morris, dice:

“[…] llama a los primeros tres años de vida la época de ¡Abrázame!, y considera los primeros seis meses como un periodo crítico. Según este autor es prácticamente imposible dar suficiente amor y contacto físico al niño y la madre que no tome en cuenta este hecho sufrirá las consecuencias más adelante. Según Morris el lactante podrá aceptar la cercanía física y las apacibles y tiernas palabras como sustitutas del contacto físico solo después de los seis meses de edad

De esta forma, nos podemos conformar una idea epistemológica del recién nacido como un ser que necesita de un contacto intensivo estos primeros meses, contacto que podrá ser acompañado pero no suplido por la cercanía física y las palabras cariñosa.

Recordemos que en la casa cuna había toda una serie de limitaciones, inevitables como en otra cualquier institución de atención a la primera infancia. Debes atender a un grupo y no eres su madre.

Y retomo a Éva Kállo en el mismo artículo:

“Si la madre responde sensible y adecuadamente no solamente al llanto, sino a las manifestaciones espontáneas de las necesidades fisiológicas de su bebé, a las reacciones emocionales que se manifiestan en su tensión muscular, expresión facial o movimientos, asienta las bases de su relación y su carácter mutuo, pero solo si el niño vive que con su comportamiento y con sus respuestas puede influir en lo que ocurre en él.”

Entonces, si se trata de ofrecer una comunicación efectiva y un sostén particular que de respuesta no solo al llanto, sino también a las necesidades fisiológicas del bebé, nos encontraremos que de la misma forma que debemos estar atentos y responder a la necesidad de movimiento, también debemos responder a su necesidad de apego y de cuerpo materno, sobre todo en estos primeros meses críticos en los que si además damos el pecho a demanda (como recomienda la OMS y el resto de organismos nacionales y internacionales de salud pública), nos encontraremos con un bebé que necesita, durante estos primeros meses, pasar la mayor parte de tiempo prendido del pecho de su madre.

Ya abordé este tema en un artículo anterior, Lactancia a demanda, Autonomía y una crítica al Instituto Loczy, aunque es imposible no volver a retomarlo aquí para dar cuenta de que la autonomía del bebé va encaminada, primariamente y primeramente, al pecho de su madre mucho antes que al suelo o a cualquier otro lugar en el que deba estar solo y sin contacto físico.

La misma Myrta Chokler en la conferencia realizada en la Universidad de Barcelona (UB) en Marzo de este mismo año (aquí), Autonomía y falsa autonomía. Terreno de discusiones y de decisiones (aquí), usó un vídeo en el que se ve el afianzamiento espontáneo al pecho en un recién nacido para ejemplificar la capacidad de autonomía en el mismo momento del nacimiento y, ¿dónde lleva esta capacidad de autonomía? ¿al suelo o al pecho?

Poco a poco el bebé irá pidiendo espacio y tiempo para otro tipo de actividad, su musculatura se ira estirando y querrá moverse, de eso se dará cuenta cualquier madre atenta e informada/formada.

Emmi Pikler basó todo su desarrollo pedagógico en este despliegue natural de las capacidades innatas de los bebés, ¿en qué momento la necesidad de contacto físico y/o pecho quedó excluida de la ecuación?

Argumentos y prejuicios entorno al porteo y las relaciones de apego

Cuando se aborda la cuestión del apego y la autonomía desde los discursos piklerianos, muchas veces se tiende a generar una imagen de la madre que portea o coge a su bebé “demasiado”  en brazos como una persona poco formada y con una mirada “adultocéntrica” de la crianza, por lo que no sabe dar una respuesta acertada a las necesidades “reales” de su bebé.

Aunque concuerdo con la idea de que el bebé no siempre necesita brazos y que hay saber acompañarlo en su proceso autónomo, lo que sería sostenerlo no solo con los brazos (un ejemplo aquí) no comparto la presunción de que el porteo es causa y/o consecuencia de un apego mal entendido y mucho menos con la idea de que un bebé que en sus primeros meses pide “demasiados” brazos, sea un bebé al que no se le ha dado opción para el despliegue de su capacidades y potencias.

¿De dónde se ha sacado la idea de que las madres porteadoras obstaculizan el desarrollo natural e innato de sus bebés por una abstracta necesidad adultocéntrica de amor mal entendido o no sublimado?

Chantal de Truchis, en su libro El despertar al mundo de tu bebé (un libro que recomiendo en su mayor parte) hace esta reflexión:

“Puesto que la naturaleza del ser humano es realizar activamente sus potencialidades, si un pequeño quiere permanecer “demasiado” en brazos ¿no será para responder al secreto deseo del progenitor, acaso inconfesado, y no tanto del bebé?

Cuando hace poco reparé de forma más consciente en dicho párrafo, quise hacer este juego y girar las tornas:

Puesto que la naturaleza del ser humano es realizar activamente sus potencialidades, si un pequeño quiere permanecer “demasiado” en el suelo ¿no será para responder al secreto deseo de una pikleriana, acaso inconfesado, y no tanto del bebé?

Es un juego, lo sé, pero ¿os dais cuenta de que ante este tipo de afirmaciones freudianas no hay salida? Desde el momento en que es un “secreto deseo inconfesado” no hay respuesta que valga, da igual lo que digas, tanto si lo admites como no, les das la razón. Además, si volvemos a los estudios en biología y neurología sobre las necesidades primarias de un bebé, podemos más bien pensar que es precisamente sobre el cuerpo de la madre que el recién nacido puede desplegar todas sus potencialidades.

Otro prejuicio muy extendido es que las familias que portean, llevan a sus hijos todo el día encima sin dejar que se muevan, como si el porteo fuese un fin en sí mismo y no una herramienta para dar respuesta a las necesidades de su hijos.

En un artículo de Sjokje Borbély, pedagoga y psicóloga clinica infantil, sobre el dilema de la autonomía y el apego en las familias de hoy, podemos leer:

Atan regularmente a sus hijos a sí mismos y los llevan consigo a todas partes. Generalmente van a sitios que eligen según sus propias necesidades, condenando a sus hijos a adaptarse y a ser pasivos.

Esta presunción me parece algo osado. Portear, por sí solo, no implica condenar a los bebés ni estar condenados a ellos, ni siquiera comprendo por qué debe abarcase en términos de “condena” e incapacidad, como desarrolla más adelante en el mismo escrito. El porteo es una herramienta que permite un compromiso entre el bebé y su madre principalmente, no es un herramienta de sometimiento ni expresa ningún tipo de incapacidad en el maternaje.

¿De verdad el porteo es una condena a la adaptación y la pasividad o una oportunidad de relación y socialización desde un lugar perfectamente óptimo como es el cuerpo de su madre?

También dice Borbély que el bebé “no podrá valorar el interés de la peluquera de su madre en él, ni el barullo del sitio”, que no se alegrará de ir al spa o de ver París. Cierto, no creo que un bebé se alegre de ver París por ser París, pero quizá sí, desde una perspectiva del apego, se alegrará de ir con su madre y poder lactar a demanda, o más que alegrarse, podrá desarrollarse de forma óptima y sin estrés.

Una familia bien informada sobre las necesidades de su bebé podrá valorar por sí misma aquel lugar que es o no pertinente y, si bien Borbély nos llama a recuperar el valor de lo cotidiano y en esto la secundo, las madres necesitan salir, quieren salir, no solo a realizar las tareas que se relacionan con los quehaceres domésticos. ¿En que lugar nos deja a las mujeres este tipo de argumentos?

En cambio, la misma autora, cuando habla de padres que comprenden la mirada pikleriana, escribe:

No se someten a las necesidades de éstos (los bebés), sino que quieren y satisfacen las necesidades del recién venido de modo que su relación pueda desarrollarse sin obstáculos, y con el tiempo llaman la atención del bebé para que se comporte como puede esperarse de él. En esta aproximación se respeta al niño pero los padres también conservan su estatus.  El resultado será que un niño educado de esta manera no estará siempre en brazos de alguien. Saben que en varios períodos durante el día, cuando no necesita ningún cuidado, se las apaña solo, puede prescindir de la continua presencia o cercanía de sus padres. El niño hace su parte en el movimiento, en el juego, o en la observación de las personas y objetos en un entorno adecuadamente preparado para él.

Comparto esta perspectiva con Borbély desde la que es necesario encontrar el equilibrio entre la respuesta a las necesidades del bebé y el lugar que ocupamos como adultos y cómo introducimos a los recién nacidos al mundo. Lo que no comprendo es en qué momento el porteo hace incapaces a las madres que portean de darse cuenta de las necesidades “reales” de sus hijos y de que, en muchos momentos, no necesitarán brazos y podrán disfrutar de su actividad autónoma y espontánea desde una distancia más o menos mayor.

¿De qué manera el porteo ergonómico es un impedimento y no una solución? ¿De qué hablamos en realidad? ¿Por qué los brazos y el propio porteo ergonómico no son un espacio adecuado para un bebé?

Partimos de la idea de que el bebe/ niño, en la expresión de su autonomía, pide brazos y pide suelo según necesite, si cuidamos estas dos partes y seguimos un método de movimiento libre para los momento de actividad y seguimos un porteo ergonómico seguro así como una forma de cuidado particular para los momentos de brazos y cuidados cotidianos, no existirá la interferencia entre ellos y podremos ver, además, como se complementan de forma sencilla y natural.

Ya apuntaba anteriormente que un bebé no se expresa de la misma manera en una institución que en un hogar con sus padres, en el hogar los bebés hacen una demanda mucho más intensiva y esto no debería ser visto como una incapacidad materna/paterna, sino como que una ventaja para el bebé que en su hábitat natural tiene la confianza y la posibilidad de una respuesta realmente adaptada a sus necesidades innatas y más primarias.

Cada vez más familias combinan una crianza de base pikleriana con una crianza basada en un apego corporal y la práctica del porteo ergonómico en vertical, sin encontrar ningún tipo de interferencia y con bebes que siguen una secuencia típica pikleriana en su desarrollo psicomotor, así como se muestran perfectamente autónomos en su actividad espontánea y en la expresión de sus necesidades, emociones y sentimientos, desde una comunicación eficaz y competente.

La primera posición: ¿boca arriba o sobre el cuerpo de la madre?

Desde el Movimiento Libre se dice que la primera posición debe ser siempre colocando al bebé boca arriba, en este punto creo que podemos estar todos de acuerdo en que para los cuidados cotidianos y los ratos de actividad autónoma la posición boca arriba resulta la más favorable y la que menos tensiones representa en el bebé, además de que a partir de ahí, podrá desarrollar el resto de posiciones intermedias e hitos del desarrollo psicomotor autónomo.

En la casa cuna de Loczy los bebés debían pasar la mayor parte del día fuera de los brazos, por tanto, ninguna posición mejor que boca arriba. Este no es el caso del hogar, donde el bebé pasará gran parte del día demandando permanecer en su hábitat, que no es otro que el cuerpo de su madre. Si retomamos los estudios en biología y neurociencia perinatal de Nils Bergman o a los que alude Éva Kálló en su último artículo, es fácil concluir que la primera posición del bebé no es boca arriba sobre una superficie, sino sobre el cuerpo de su madre.

Por otro lado, en los artículos piklerianos en los que se desaconseja el uso del porteo como forma de herramienta, ya sea un porteo en vertical o cualquier tipo de porteo, no se diferencia entre un porteo ergonómico y seguro, con lo que implica un porteo en lo que comúnmente llamamos “colgona”, donde el bebé cuelga con la espalda recta, sin sostén para la cabeza y puede ir “cara al mundo”.

Cualquier persona que haya investigado un poco sobre el tema podrá darse cuenta de que el porteo ergonómico en vertical respeta tanto la fisiología del recién nacido como da respuesta a sus necesidades más primarias. (Sigo esperando un artículo de la sección ortodoxa pikleriana en contra del porteo en el que la persona que lo escribe conozca realmente como se realiza un porteo ergonómico de forma óptima y en respeto a la maduración fisiológica y psicomotriz del bebé porteado.)

La propia Nuria Ferrando, fisioterapeuta y psicomotrista, en ¿Qué utilizamos para transportar a los bebés y a los niños pequeños? recomienda el porteo en horizontal hasta que el bebé se verticalice por sí mismo y hace referencia a que hay que respetar la posición fetal del bebé las primeras semanas, cosa con la que estará de acuerdo cualquier asesora de porteo con conocimiento de su trabajo. Ferrando desconoce que un porteo en vertical realizado de forma adecuada y con un ajuste punto por punto, respeta siempre la posición fisiológica o también llamada fetal del recién nacido asegurando la unidad de las sensaciones corporales, sin comprimir innecesariamente las vertebras ni dejando la cabeza colgando o forzando la apertura de las caderas, como afirma en su escrito.

Ferrando también hace referencia a la posición en horizontal como aquella más adecuada “en la la que el bebe puede estar por sí solo de forma relajada” teniendo en cuenta el efecto de la gravedad. Ya decía anteriormente que en el punto de dejar al bebé sobre una superficie estamos de acuerdo, pero no aplicado al porteo ergonómico en el que tanto la madre como el portabebé funcionan como sostén para el recién nacido. El bebé ya sentía la fuerza de la gravedad en el vientre siendo el útero su sostén, no un “anti gravedad” ni una piscina donde flotar.

La gravedad es un fenómeno que se da tanto fuera como dentro del vientre materno. El feto necesita del peso de la gravedad para su desarrollo fisiológico a partir del segunda mitad de la gestación según los estudios. Tampoco flota en el vientre durante las últimas semanas, a partir de la semana 26 de gestación el aparente peso del feto ya es del 60-80% del peso real. Decir que el feto no siente la gravedad forma parte de la mitología perinatal. Podéis consultar el estudio enfocado a posibles gestaciones en el espacio de la bibliografía.

Por otro lado es importante recordar que el porteo en horizontal comporta un mayor peligro de asfixia postural y un mayor riesgo para el desarrollo de la cadera, además de ser sumamente incomodo tanto para la madre como para el bebé, que se verá realmente inmovilizado y con una nula posibilidad de visión. A las pocas semanas de nacer la incomodidad para uno y para el otro en un porteo horizontal fácilmente lo lleven al fracaso.

(No dejéis de leer el magnífico post de Elena López en De Monitos y Risas o el de Verónica en el Gynko Mágico, en los que se aborda el porteo ergonómico en vertical desde la necesidad fisiológica del bebé, su desarrollo madurativo y su no interferencia en una crianza en el Movimiento Libre. También el de Bei de Tigriteando que nos introduce en estas necesidades fisiológicas del recién nacido sobre el cuerpo de su madre.)

En otro artículo, ¡Cuidado con las mochilas portabebés! de la pedagoga y psicomotrista Herrán Izaguirre, se llega a desarrollar una extraña teoría en la que se equipara la experiencia que tiene el bebé en un portabebés con la experiencia provocada por el reflejo de Moro o del sobresalto.

Es curioso que este mismo reflejo de Moro no se da cuando el bebé esta siendo porteado de forma ergonómica y que en la posición boca arriba puede llegar a ser recurrente las primeras semanas.

La cosa es que ella dice, y esto es cierto, que el reflejo de Moro muestra una situación de miedo por parte del bebé, un susto, hasta aquí bien, cuando el bebé se sobresalta busca agarrarse bien al cuerpo del que depende, su madre principalmente. También se le llama reflejo de abrazo.

El problema de esta extraña teoría de Herrán Izaguirre resulta en equiparar el porteo ergonómico con una suerte de reflejo de Moro prolongado, entonces escribe que, una “exposición prolongada y fuera de control al miedo cuando la musculatura no ha integrado las funciones tónica y clónica” tiene como efecto la alteración de la función tónica y, de esta forma, al portear, estamos llevando al bebé a una disociación corporal que hará que confunda el miedo con el hambre y concluye diciendo que esta situación puede conducirle, si no había suficiente, a un “trastorno psicomotor por hipotonía crónica y/o trastorno metabólico asociado a sobrepeso u obesidad más o menos mórbida“. ¿Conclusión? Usa los portabebés con moderación o puedes estar provocando un trastorno en la alimentación a tu hijo.

Herrán Izaguirre desarrolla en este artículo toda una serie de prejuicios y teorías peregrinas que además de colocar a la mujer/padre/familia que portea en un lugar poco considerado (por no decir otra cosa), se contradice con la evidencia científica sobre que la lactancia materna a demanda previene la obesidad o diciendo que el porteo puede ser perjudicial para el desarrollo de la cadera, contradiciendo los estudios del Instituto Internacional de Displasia de Cadera según el cual el porteo ergonómico en vertical puede prevenir la displasia así como favorecer en su tratamiento. Herrán demuestra un profundo desconocimiento sobre porteo ergonómico y sus implicaciones en la tonicidad, el sistema vestibular y la propiocepción.

Además, el porteo ergonómico favorece el conocimiento mutuo entre la madre y el bebé apoyando toda comunicación efectiva entre ellos.

También se dice que verticalizarlo antes de que lo haga por sí mismo es contraproducente y se está saltando etapas. Yo pregunto ¿cómo se va a estar saltando etapas si la primera posición es el cuerpo de la madre y portear en vertical es mucho más respetuoso con su fisiología que hacerlo en horizontal?

Otros preguntan ¿Me pedirá luego que lo siente? No, no pedirá que lo sientes si no lo has sentado, portear en vertical no es sentar al bebé, en un portabebés con un ajuste punto pon punto el bebé no va sentado, va sostenido, es en la tela dónde se reparte la fuerza que lo sostiene.

Cuando sentamos a un bebé en el suelo antes de que lo haga por sí mismo lo estamos inmovilizando y limitando en el desarrollo de su actividad espontánea y autónoma, a la vez que generando en él unas expectativas y dinámicas de relación concretas a través del estar sentado. Los materiales de juego que le damos, el espacio que le hacemos ocupar y la forma en la que lo hemos preparado, la mirada que le tendemos y las cosas que le decimos. Todo aquello que como adultos estamos conformando en su contexto lo conducen a estar sentado y, a su vez, también el estar sentado se conforma en una identificaron de sí mismo en el desarrollo de su personalidad, entorpeciendo así su capacidad autónoma y el consecuente sentimiento de competencia.

Sentar al bebé forma parte de una dinámica particular que generamos en la relación con nuestros hijos, pero todo esto no tiene porqué ocurrir con la práctica del porteo ergonómico, o mejor dicho, que podamos encontrar una serie de actitudes poco favorables para la autonomía del bebé en madres/padres/familias que portean a sus hijos no implica que el propio porteo sea la causa. Llegar a esa conclusión es síntoma de prejuicio, no de conocimiento.

Entre el apego al cuerpo y la autonomía. Resolviendo.

Retomo la pregunta con la que empezábamos este ensayo:

¿Cómo valoramos entonces la cuestión de la autonomía en relación a la necesidad de apego y el porteo ergonómico como herramienta?

El bebé necesita brazos y la contención corporal adulta (su hábitat) y la madre necesita poder resolver su vida cotidiana sin quedar paralizada por las necesidades de su hijo, ahí aparece el porteo como una herramienta magnífica que ha acompañado a la humanidad a lo largo de la historia.

Los conocimientos actuales sobre fisiología nos han ayudado a comprender la forma óptima para la ergonomía tanto del bebé como del adulto ¿por qué rechazar este tipo de conocimientos?

Tim Taylor, antropólogo y arqueólogo, también apunta en su libro “The ape artificial” y en la entrevista que podéis leer aquí, que los portabebés han permitido precisamente que el bebé inmaduro creciese de forma óptima sobre el cuerpo de su madre a la vez que esta madre podía seguir realizando las actividades relacionadas con la supervivencia. Taylor cree que sin portabebés el gasto bioĺógico requerido para llevar al bebé en brazos (a pelo) hubiera mermado la capacidad materna de lactar.

El cuerpo de la madre es el hábitat del recién nacido y es ahí, por tanto, dónde va a poder desplegar todas sus potencialidades hasta que, por sí mismo, de forma natural y en respeto a su desarrollo madurativo, nos pida espacio para moverse. Entonces, desde la confianza y la seguridad de tener sus necesidades cubiertas, podrá desplegar todas sus potencialidades ya fuera del cuerpo de su madre o de otro adulto, así irá de uno al otro (del cuerpo al suelo) en un ejercicio autónomo y de comunicación competente.

¿Por qué preparar con cuidado el espacio y los medios para el movimiento, es dar respuesta a las necesidades naturales del bebé y fomenta el desarrollo de su autonomía y en cambio, preparar con cuidado el espacio y los medios para dar respuesta a la necesidad del cuerpo de la madre en el recién nacido, no lo es?

Esto es lo que ocurre cuando un campo del conocimiento se convierte en un dogma, se cierra y queda estanco, ajeno a otro tipo de conocimientos que podrían integrarse de forma sencilla y efectiva.

Ya son muchas las familias que portean de forma ergonómica en vertical y practican el movimiento libre así como una crianza pikleriana sin problema, familias que dan el pecho a demanda y/o cogen a sus hijos en brazos cuando lo demandan porque entienden que están dando respuesta a una necesidad primaria de apego a la vez que promueven el desarrollo de su autonomía y un sentimiento de competencia apoyando un desarrollo fisiológico de forma óptima.

El Porteo Ergonómico da respuesta tanto a la necesidad de apego como al desarrollo de la autonomía, no es una herramienta imprescindible ni obligatoria, pero es una magnífica herramienta para cubrir la necesidades que sí son imprescindibles de cubrir.

En la casa cuna de la calle Loczy no daban el pecho y había un montón de niños a los que atender. Ese era, precisamente, un factor limitante al que Emmi Pikler quiso dar respuesta. Un factor limitante que se convirtió en potencia educativa, pero limitante por principio. De ahí parte toda la organización y la metodología más ortodoxa de Pikler-Loczy, para dar respuesta a esta carencia. En un hogar, en familia, estas carencias, por suerte, no acostumbran a darse, ¿cómo entonteces se les pide lo mismo a las familias y dejamos que el factor limitante se imponga sobre algo que no es una carencia en un contexto distinto?

El apego primario al cuerpo de la madre y la autonomía no son conceptos opuestos. De la misma manera, lo que se juega en esta controversia es una cuestión ética y epistemológica sobre las necesidades del recién nacido y la relación que se cree que debería tener con su madre para poder desarrollar una personalidad armónica y un sentimiento de competencia de forma sólida.

Decía Emmi Pikler que:

Para el lactante la mano lo es todo, la mano es la persona, es el mundo. ¡Obsérvale! Conoce a tu hijo. Si realmente descubres lo que necesita, si sientes que es lo que realmente le aflige, qué necesita, entonces sabrás tratarle adecuadamente, podrás guiarle y educarle bien”

Voy a hacer el mismo juego de antes y decir:

Para el lactante el pecho lo es todo, el pecho es la persona (su madre), es el mundo. ¡Obsérvale! Conoce a tu hijo. Si realmente descubres lo que necesita, si sientes que es lo que realmente le aflige, qué necesita, entonces sabrás tratarle adecuadamente, podrás guiarle y educarle bien.

Poner en juego es una forma de ensayo de uno mismo y de la materia que se estudia. Admiro profundamente el trabajo de Emmi Pikler y el Instituto Loczy, lo repetiré siempre que sea necesario y como dije al principio, esta admiración no me hace menos crítica, quizá más reflexiva y más exigente, algo que dada mi formación ha confluido en una revisión que solo pretende ser una vuelta más en el concepto pikleriano de la primera infancia y la respuesta que se pretende. La misma Pikler llamaba siempre a seguir trabajando y a seguir investigando como forma de responsabilidad hacía la infancia que recogemos en nuestro pecho y en nuestras manos.

Por mi parte, concluyo este ensayo de forma simple y en una línea abierta, no hay oposición entre el apego primario al cuerpo de la madre y la autonomía. El cuerpo de la madre es el lugar donde se despliegan todas las capacidades naturales e innatas de un recién nacido. El cuerpo de la madre es el punto de partida. Adelante.

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Bibliografía externa:

Borbély, Sjoukje. El dilema de la autonomía y el apego en las familias de hoy. actualización del eterno debate sobre los factores del desarrollo del niño desde la perspectiva pikleriana RELAdEI 5.3 Monográfico Pikler Löczy, Septiembre 2016

Ferrando Arrufat, Núria. ¿Qué utilizamos para transportar a los bebés y a lso niños pequeños? Revista In-fan-cia núm. 154, Noviembre/Diciembre 2015

Herrán Izaguirre, Elena. Sobre el aparto funcional del equilibrio en la primera infancia (0-3 años) ¿Cuidado con las mochilas portabebés! Entre Líneas núm 34, Diciembre 2014

Kalló, Éva. Sobre la unidad de los cuidados y la educación, una vez mas  RELAdEI 5.3 Monográfico Pikler Löczy, Septiembre 2016

Nils Bergman. El cuidado madre canguro (Kangaroo Mother Care). Sextas Jornadas Internacionales sobre lactancia, París, 2005.

Sekulic; Lukac; Naumovic. The fetus cannot exercise like an astronaut: gravity loading is necessary for de physiological developement during second half of pregnancy Medical Hypotheses 2005