Tipologías de textos negadores de inteligencia

Los “textos negadores de inteligencia” vendrían a ser esos que niegan la capacidad del otro (del que los lee) para pensar y comprender el mundo sin necesidad de que alguien le explique lo que el mundo (también el mundo del lector) es y debería ser. Esta tipología de textos se encontraría entre:

Los textos a favor y en contra, ese tipo de textos a favor y en contra que no dejan más opción al lector que la de posicionarse, que niegan la reflexión y el cuestionamiento del tema en sí (además de instalar el problema como problema) e instalan el problema de estar a favor o en contra, y rápido, y ya ¿estás a favor o en contra? No pienses más, ¿a favor o en contra? Hay que posicionarse: ¿A favor o en contra de la Educación para la ciudadanía? ¿A favor o en contra del aborto? ¿A favor o en contra del velo en las escuelas? Preguntas que niegan la pregunta sobre la necesidad de tales preguntas. Sólo hay que saber tomar posiciones ¿a favor o en contra? Y rápido y ya. No pienses más. ¿A favor o en contra?

Los artículos de opinión, ese tipo de artículos de opinión que inflaman la opinión (opinionitis), que no dan tiempo ni espacio al estudio ni al pensamiento. Opiniones que ya te dicen aquello que debes pensar y como debe ser pensado y que además abren la veda a decir cualquier cosa, porque además hay que tener opinión, hay que saber opinar, es importante saber opinar. Por suerte, Nitetzsche nos recuerda en Sobre el porvenir de nuestras escuelas eso de que los jóvenes pitágoricos debían callar durante 5 años de estudio antes de poder hablar, y cuanto aprenderíamos si aprendiésemos a callar y a guardar silencio ante las inflamaciones de opinión. Pero callados ¿qué nos evaluarían entonces? Dicen que también es importante evaluar.

Los manuales, ese tipo de manuales que no sólo instalan el conocimiento que es importante, sino que además, instalan como debe ser usado y que se debe hacer con él. Y así nos encontramos manuales en los que se nos dice no sólo lo que los niños son, sino además, como deben ser y lo que hay que hacer con ellos. Manuales para niños que no duermen, manuales para niños que no comen, manuales para niños que se mueven demasiado, manuales para niños que no se mueven, y como hay que mirarlos y como hay que hablarles y lo que hay que decirles y lo que cabe esperar de ellos, y en que mes y de que manera se construye la torre de un niño sano.

Los artículos (o libros) de expertos y especialistas, ese tipo de textos que están tan bien fundamentados y tan bien cargados de razones que no dan lugar a la razón del otro. Y además y por supuesto, estos textos están tan bien fundamentados y cargados de razones que sólo pueden acabar concluyendo en verdades bien fundamentadas y cargadas de razones. Y ya sabemos de la íntima relación entre Verdad, Bien y Belleza. Textos imposibles de rebatir y ante los que sólo se puede refunfuñar para adentro. Los expertos dicen: Las materias hay que enseñarlas de lo más simple a lo más complejo. Los infantes son seres heterónomos.  A los niños, en Navidad, no hay que hacerles más de 3 regalos, que se estresan. Las personas bien construidas saben gestionar sus relaciones. Las habilidades sociales son una competencia clave en la formación del pedagogo. Una buena investigación tiene por objeto la innovación y el desarrollo de aquello que se estudia. Verdades que mejoran el mundo y ante las que sólo se puede refunfuñar para adentro.

Los libros de texto, ese tipo de libros de texto que guían el aprendizaje de lo más sencillo a lo más complejl. Esos que tratan al alumno como si fuera tonto y les pregunta tonterías bien ordenadas, del tipo ¿Cuantos personajes aparecen en esta obra? ¿Pero a quién le importa cuantos personajes aparecen en una obra? Ejemplo de conversación imposible:    “-Me he leído tal libro. –Ah, ¿y cuantos personajes aparecen?” Y no se puede contestar muchos o pocos, hay que decir exactamente cuantos, y no digas 9 si son 10, que te suspenden. Tonterías bien ordenadas para hacerles saber a los alumnos que necesitan que alguien les explique como se contestan tonterías bien ordenadas a preguntas tontas bien ordenadas.

Los libros para niños, ese tipo de libros para niños en los que se juzga al niño incapaz de aprender su propia lengua sino es en base a una reducción vacía de esa misma lengua, una reducción vacía que además nadie habla. ¿Quién dice? “Juan tiene una pelota. La pelota de Juan es redonda. A Juan le gusta Jugar con su pelota”. Una lengua que no quiere comunicar nada, una lengua ideada didáctica y concienzudamente sólo para que los niños aprendan la lengua. Una lengua que no habita en este mundo ni dice nada de él. Una lengua que no es la de la ciencia ni la de a literatura ni la de las conversaciones en el bar. Una lengua que ni los niños hablan.

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